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viernes, 22 de febrero de 2013

Gatopardismo patrio: cocinando la Transición 2.0


Luis Picazo Casariego*


14/02/2013

“Créeme tío: si queremos que todo quede como está, es preciso que todo cambie”

Con esta conocida frase de la película de Luchino Visconti, El Gatopardo (basada en la novela del mismo nombre de Giuseppe Tomasi di Lampedusa), el amado sobrino del príncipe de Salina, Tancredi Falconeri, justifica su partida para unirse a las tropas revolucionarias de Garibaldi que luchan por la reunificación italiana. De esta frase, que sintetiza el deseo de la decadente aristocracia italiana del XIX por conservar sus valores y privilegios ante la revolución, aparentando adaptarse a los nuevos tiempos, surge el concepto del gatopardismo: la idea de cambiar algo para que nada cambie. Esta práctica, todo un clásico de la política, permite mantener la posición y los privilegios de una clase ante hechos revolucionarios o transformadores. Se trata de realizar cambios que no afecten realmente a la esencia de las cosas, pero que aparenten hacerlo. En definitiva, se trata de un reformismo oportunista y taimado que bajo la apariencia de la concesión, nos da gato por liebre.

Sospecho que en España la oligarquía partitocrática está cocinando una gran operación de gatopardismo que evite su hundimiento y la perpetúe en el poder. Se hizo en el 78, cuando se nos coló este régimen postfranquista por obra y gracia del heredero del caudillo, el rey cojo, y sospecho que corremos el riesgo de que se repita la historia ante la presión creciente e imparable del hartazgo popular. Los indicios están ahí para el que los quiera ver: escándalos de corrupción a diestro y siniestro, que no perdonan institución alguna, desde el Ejecutivo hasta la Monarquía pasando por el Tribunal Supremo y todos los partidos estatales, el prestigio de la Casa Real en caída libre, el embajador del Imperio dando un toque de atención al Gobierno ante tanto despropósito, una propuesta de un gran pacto contra la corrupción hecha por los máximos represantantes de la misma (la desvergüenza y el descaro de esta gentuza no tiene límites), llamamientos a la regeneración democrática desde todos los ámbitos de la sociedad, cuestionamiento de la integridad de los gobernantes españoles en la prensa internacional, peticiones de cambios constitucionales, en especial de la ley electoral (por cierto, pasar a un sistema proporcional de listas abiertas, es decir la posibilidad de refrendar lo ya elegido por otros en pedacitos en vez de en bloque, sería un ejemplo perfecto de gatopardismo, y esta casi seguro que nos la querrán colar), etc. y todo ello sobre una yesca social en la que en cualquier momento puede prender la llama.

Mi madre dice que soy un ingenuo, y seguro que vosotros pensaréis lo mismo, pero sospecho que la abdicación del rey cojo no está lejana, y será la excusa perfecta para esta gran operación de gatopardismo patrio. Así lo creo porque, en primer lugar, este hombre, entre nosotros, tiene muy mala cara, y confío en que la renuncia de su guía espiritual, el papa Benedicto XVI, o la abdicación de su coetánea, la reina Beatriz de Holanda, le ilumine el camino (este es mi lado cándido, lo reconozco). Pero sobre todo, porque cuanto más tarde en producirse un traspaso de la Corona, mayores son las posibilidades de que el pueblo español exija la convocatoria de un referéndum sobre la forma de gobierno del estado, y mayores serán las posibilidades que tiene la Monarquía de perderlo. Por otro lado, llevamos ya un tiempo con tímidos intentos por parte de algunos medios de abrir el debate, siguiendo probablemente las consignas de una oligarquía financiera que observa como la situación se va de las manos de su Golem partitocrático. Si la abdicación se produjese, sería el momento ideal para una operación de gatopardismo donde la casta política, los Tancredi del país, intentasen colarnos con algunas reformas menores de la Constitución una Transición 2.0 a medida de sus intereses.

Por último, tenemos la presión de la posible imposición de un gobierno tecnócrata por parte de la Comunidad Europea, o incluso la posible organización de un gobierno de concentración nacional ante la situación de descomposición socio-económica. Pero antes de llegar a esto, no veo descabellado el golpe de efecto de la abdicación. En todo caso, estoy seguro de que ante su imparable hundimiento, el régimen del 78 intentará cambiar algo… para que nada cambie.


* Luis Picazo Casariego es profesor de español en la escuela de negocios EMLYON (Francia).

** Chiste de Diego Mena.

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