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domingo, 30 de septiembre de 2012

Frente Cívico: el retorno del soberano


Manuel Monereo Pérez*

Cuarto Poder

27/09/2012

Siempre me pareció interesante haber hecho una encuesta entre la población y preguntarle a las personas quién era para ellos el soberano de la Constitución Española. Tengo la impresión que una parte muy significativa diría que el soberano es el rey Juan Carlos.

En la transición se habló mucho de que la democracia era, básicamente, dejar de ser súbditos y convertirnos en ciudadanos. Cabe preguntarse, casi 40 años después de la muerte del dictador, si la ciudadanía de nuestro país cree realmente que la soberanía reside en el pueblo y que la legitimidad democrática del sistema depende de eso.

Hoy la separación entre la clase política y la ciudadanía es enorme y tiende a acentuarse. El soberano, es decir, los ciudadanos y ciudadanas, se sienten impotentes, objeto y no sujeto de su historia y sin ningún poder para cambiar las cosas. Su vida y sus derechos sociales y laborales están en permanente retroceso; sus libertades reales, encogidas, y el futuro, sobre todo para las nuevas generaciones, bloqueado. No es de extrañar que en las grandes manifestaciones de los últimos tiempos, el grito más coreado haya sido, precisamente, el “no nos representan”. Ese “no” va dirigido a los parlamentarios, a las Comunidades Autónomas, a los poderes del Estado, a la Casa Real.

¿Qué hay detrás de todo esto? En primer lugar, una gravísima crisis económica que está siendo aprovechada para liquidar derechos y conquistas históricas de las y los trabajadores. La Europa que era la “solución” a nuestros males históricos, se convierte cada vez más en un problema, unas instituciones que el sentido común relaciona con políticas de derechas bajo la hegemonía alemana.

En segundo lugar, la captura de la clase política por los poderes económicos. Los políticos y la política aparecen en el centro de todas las críticas; ellos son los culpables, pero se deja a un lado que lo son, precisamente, porque no tienen ninguna autonomía frente a los poderes fácticos y porque se subordinan a ellos. Aparece la corrupción pero no los corruptores y se olvida un hecho esencial, que la corrupción ha sido siempre el mecanismo que usan los poderes económicos para mandar.

En tercer lugar, todo el mundo lo sabe, es que vivimos un estado de excepción. ¿En qué consiste? En la suspensión del derecho y en el dominio de los poderes fácticos (económicos y mediáticos), es decir, poderes no elegidos y no responsables democráticamente. La Constitución de 1978 es, cada vez más, algo meramente nominal y funciona solo en los supuestos que no se oponen al dominio de estos poderes. Estamos, en la práctica, ante la transición a un nuevo régimen que denominaríamos de democracia oligárquica, sin el ejercicio del poder constituyente y a espaldas del pueblo, es decir, del soberano.

El Frente Cívico viene a denunciar esto, que se está liquidando un régimen constitucional y que ninguna fuerza política, salvo la actitud crítica de IU, está oponiéndose realmente a ello. Se trata de construir un poder ciudadano que defina democráticamente nuevas reglas, nuevos criterios y nuevos objetivos. A eso se le ha llamado históricamente poder constituyente. La condición previa es la movilización ciudadana y la ruptura con el bipartidismo político (apoyado siempre por la burguesía vasca y catalana, PNV y CiU), piedra angular de todo un sistema que ha entrado definitivamente en crisis.

Para superar la creciente separación entre las instituciones y la ciudadanía, un estado de excepción que se convierte en permanente, no cabe otra opción que devolverle la palabra al pueblo. Hay que generar las condiciones para una gran convergencia política y social que se oponga a la actual involución civilizatoria y que defina un nuevo proyecto histórico para el país. Eso es, muy resumidamente, lo que pretende el Frente Cívico.

Hace apenas unos meses, una propuesta así habría sido definida como la enésima locura de Julio Anguita. Hoy, los cuerdos no son capaces de entender que vivimos una triple crisis: de régimen, de Estado y de la política en sentido fuerte. Se podría decir que la normalidad nos condena a la catástrofe.

No tenemos todo el tiempo del mundo para cambiar.

* Manuel Monereo Pérez es politólogo y miembro de la asociación Socialismo 21. Formó parte de la dirección de IU durante la etapa de Julio Anguita como coordinador.

http://www.cuartopoder.es/tribuna/frente-civico-el-retorno-del-soberano/3242

** Instantánea de la madrileña plaza de Neptuno durante las protestas ciudadanas de ayer mismo, 29 de septiembre de 2012.

viernes, 28 de septiembre de 2012

Con la marca España en la espalda


Isaac Rosa


26/09/2012

Muchos se van a levantar esta mañana con una marca en la espalda, en la cabeza, en un brazo, o incluso en la médula: la marca España. Ese es el chiste triste que anoche triunfaba en las calles y en las redes sociales: la marca España como hematoma.

Esa marca España que tanto preocupaba al gobierno y que justificaba el viaje de Rajoy y del rey a Nueva York; esa con la que pretenden que seamos vistos como un país serio, responsable, que hace lo que tiene que hacer y cumple sus deberes. Creíamos que hablaban de otra cosa, pero no: la nueva marca España es la represión de la protesta, como demostración de que el gobierno llegará hasta el final al precio que sea, que no le temblará el pulso cuando los recortes y contrarreformas venideros multipliquen la contestación ciudadana.

La marca España la estamparon 1.300 policías anoche a porrazo limpio, en una exhibición de violencia policial como no veíamos desde hace mucho. Porrazos salvajes, detenidos arrastrados por el suelo, cabezas abiertas, periodistas golpeados, diputados apartados a empujones, viajeros perseguidos hasta el tren, disparos de pelotas y cargas de una agresividad pocas veces vista.

La nueva marca España recuerda demasiado a la vieja marca España que creíamos superada. El trabajo previo de calentamiento de la delegada del Gobierno –que por supuesto no podía levantarse hoy sin proclamar “ya lo decía yo”-; la desproporcionada presencia policial; la actitud agresiva que mostraron desde primera hora –con el casco puesto y en formación de carga desde las seis de la tarde-; y sobre todo la brutalidad con que golpearon a los manifestantes, parecen sacadas de aquella otra marca España de color gris.

La nueva marca España ha llegado para quedarse. Lo de ayer es sólo el principio, un intento de aterrorizar a los ciudadanos con la vista puesta en próximas protestas que, tras el rescate, serán mayores. En la línea de las medidas preventivas de la delegada del Gobierno, la de ayer fue una paliza preventiva: para que nos vayamos enterando de que las reglas de juego han cambiado, para que se nos vaya haciendo el cuerpo, que la marca España no se estampa con solo un porrazo: hay que sacudir repetidas veces para que no se borre.

La nueva marca España tuvo ayer su cuarto de hora de fama mundial: portada de toda la prensa, emisión en directo en televisiones internacionales, mención de la presidenta argentina en la ONU, trending topic en el twitter planetario. Mensaje recibido, dirán los mercados: España es un país serio, y el dolor de sus ciudadanos es la prueba infalible de que hace sus deberes. Mensaje recibido, debemos decir también los ciudadanos: su miedo es mayor que el nuestro.


martes, 25 de septiembre de 2012

El 25S ha triunfado


Víctor Sampedro

Público

25/09/2012

Apenas nadie parece haberse dado cuenta. Esperan a poder contabilizar manifestantes. Unos para relatar la épica de la desobediencia civil y otros para alabar como éxito el amedrentamiento y la represión que se vienen aplicando. Ojalá seamos muchos, muchísimas en las calles. Pero me temo que nunca bastaremos.

Unos dirán que éramos decenas de miles y otros que, apenas unos centenares. Los primeros cantarán victoria por los “desbordamientos” de la multitud y los segundos por la siempre ejemplar contención de la policía.

Me temo que nadie agradecerá a la Plataforma ¡En Pie! y a la Coordinadora del 25S sus enormes logros. Los han conseguido y brindado a toda la sociedad, como corresponde a un movimiento social en toda regla. Señalo siete y me quedo corto:

(1) Gracias por desmarcarse de las operaciones fascistas que ya clamaron ante el Parlamento sin capacidad de convocatoria alguna. Tanto éxito ha tenido el desmarcaje del golpismo, que Cristina Cifuentes, Delegada del Gobierno en Madrid, alude a la presencia de nazis infiltrados. Con su ayuda estaremos más seguros. Nadie mejor que ella y gente de su partido para revelar la identidad de los ultras y apartarlos preventivamente de nuestro recorrido. Lo hacen con los hinchas. ¿Podrían hacerlo en nuestras próximas convocatorias? ¿Y legalizarlas aunque no lo hayamos solicitado, como con el 25S?

(2) Gracias, porque lo anterior ha arrebatado a la (extrema)derecha el monopolio de la crítica frontal al Régimen de la Transición. El turnismo pactado entre el PP y el PSOE o el fruto de sus mayorías absolutas son criticados ahora como rasgos antidemocráticos. Como solución se pide más democracia. Se impugna el desmantelamiento del muy precario Estado de Bienestar y la precarización de la fuerza de trabajo que comparten ambos partidos. Y se critican los giros pendulares que impiden la continuidad de políticas centrales para una sociedad (sanidad, educación, organización del estado…). Por mucho que lo sigan intentando, Tejero nunca más servirá de mordaza para ahogar las críticas estructurales del Régimen que padecemos.

(3) Gracias por exigir la dimisión de un Gobierno que ha incumplido todo su programa electoral. La rendición de cuentas y el cambio noviolento de los gobiernos falaces son dos rasgos esenciales de los cargos democráticos. El tercero, la receptividad a la ciudadanía, habrá que exigírsela y ganársela a los siguientes gobiernos. Llevan año y medio acosando como antisistema a un 15M que recaba las simpatías de siete de cada diez votantes. Pero a partir del 25S saben que podrían caer con la resistencia y la desobediencia noviolentas de la población a la que han traicionado.

(4) Gracias también por exigir un nuevo contrato social y normalizar la demanda de un proyecto constituyente que renueve esta democracia. Por primera vez en nuestra historia la Constitución muestra sus costuras y esta vez las hacen saltar los demócratas y no los fascistas. Es la ciudadanía la que quiere participar, con nuevas reglas de juego. La única reforma de la Constitución ha sido unilateral y puntualmente adoptada por el bloque político gobernante: para anteponer las cuentas del Estado al bienestar, las finanzas a los derechos sociales. Por eso, el 25S hará llegar sus demandas como peticiones al Congreso.

Escojan el formato para enviarles sus peticiones a sus señorías. Pueden cambiar el disco de esta democracia (se propone lanzar discos voladores) y/o presentar un escrito a favor de un Parlamento 4.0: siempre complementario y simbólico, reflejando lo que votaría la población en caso de contar con una ley electoral proporcional. Solo como referencia, para evidenciar su distancia y encastillamiento. Si no les atienden, habrá sido la Administración la que incumpla con la Constitución. Habrá quedado claro, otra vez, que después de votar la ciudadanía no puede pedir nada, menos aún exigir.

(5) Gracias, una vez más, por haber abierto la convocatoria y haber reformulado los lemas y la estrategia para hacerlos más inclusivos. De “tomar” el Congreso se pasó a “ocuparlo” y de ahí a “rodearlo” y, por fin, a “rescatarlo”. Ni hacerse con el poder, ni ocuparlo temporalmente, ni someterlo siquiera a un ultimátum. “Rescatarlos”: a ellos, a los parlamentarios que ocupan sus escaños presos de la disciplina de partido y de los Consejos de Administración. El proceso constituyente se ha iniciado en forma de “cumbres sociales” de sindicatos, “congresos” de partidos o surgimiento de plataformas, posibles embriones de Siryza en los próximos comicios autonómicos. Representantes de partidos y sedes parlamentarias acudirán a las concentraciones. Jueces por la Democracia, semillero de ministros y hasta de una vicepresidenta, ha salido en favor de los manifestantes. Hacen faltan más auto-inculpaciones y más equipos jurídicos de partidos y sindicatos, en reciprocidad con el apoyo que han recibido del 15M, para que la democracia viral pase de la calle a las instituciones

(6) Gracias porque el diálogo y la movilización con base digital han abierto el código democrático otra vez. El anonimato inicial de la convocatoria, por miedo a la represión, y los recelos que despertaba se han superado poniéndole mil voces y presentando otras tantas caras. Así ha resultado más plural e incluyente. El centralismo se ha eliminado multiplicando las sedes políticas a “rescatar”, al sumar parlamentos autonómicos y ayuntamientos. La retórica ha pasado de una “batalla final” a iniciar un proceso de cambio estructural. No por imparable será rápido. Les tomó muchos años arrebatarnos la democracia. Nos llevará también muchos recuperarla y reinventarla.

Pero no se preocupen hace tiempo que estamos en ello. Nunca Máis demostró que había que limpiar más despachos que playas. El 13M que la España de 2004 ya no era la de 1981 y que la gente esta vez salía a parar el golpismo mediático que quiso dar Aznar. V de Vivienda denunció la buburja que hoy nos asfixia. El 15M recuperó e innovó todas esas experiencias, las aliñó con más tecnopolítica digital y echó raíces en el tejido social contra los ajustes.

(7) Gracias, en fin, por no haber amenazado al 15M arrogándose su nombre. Se han evitado rupturas y escisiones que el bloque de poder explotaría a su favor. El 15S y el 25S, sumados, podrían perfilarse como dimensiones distintas de un mismo artefacto político-social novedoso e innovador. El 25S ha sacado al 15M de las “atmósferas” y los “climas” que lo entendían como “contra-hegemonía” (un cambio cultural y ético, no tanto de poder político-económico, para que se entienda). El movimiento de consenso, expresivo y de largo aliento, se completa con el de protesta que logra impactar el curso político. Ante la agresión y la represión de las políticas públicas actuales no bastan la auto-exaltación exhibicionista ni la parodia autocomplaciente. Esto último parece ser lo único que aprendieron los sindicatos mayoritarios con su convocatoria del 15S. ¿Quién se acuerda de que exigían un referéndum? A lo mejor pueden improvisar un Bloque Crítico en las siguientes (auto)convocatorias ciudadanas. Por coherencia y por reciprocidad al apoyo recibido, digo.

Ojalá seamos muchos, muchísimas quienes acompañemos el 25S. Conste que cualquiera que sea nuestro número, acudiremos porque hemos recuperado la protesta pacífica como derecho cívico que se ejerce y que obtiene reconocimiento (no permiso) administrativo. Porque la crítica a la Transición y a la Constitución ya no hacen el juego a la derecha; al contrario, denuncia su uso patrimonialista, casi guerracivilista, del patriotismo constitucional. Porque la reforma constitucional ya no se limitará a procesos federalizantes (la escapada electoral de las elites regionales y la coartada socialdemócrata). El nuevo contrato social deberá recoger la voz de los dos tercios de ciudadanos actuales que no pudieron votar el texto de 1978. Y porque, aunque no se les reconozca cuando cuajen, de todo esto y para entonces habrá nacido una nueva institucionalidad y contaremos con más espacios de auto-organización y autonomía ciudadanas.

http://blogs.publico.es/dominiopublico/5859/el-25s-ha-triunfado/

Víctor Sampedro Blanco es catedrático de Opinión Pública y Comunicación Política en la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Escribe regularmente en el blog Propolis.

** En la imagen, publicada en El País, los alrededores del Congreso de los Diputados en esta misma tarde del 25 de septiembre de 2012. 

domingo, 23 de septiembre de 2012

La democracia está secuestrada. El 25S vamos a rescatarla



El próximo 25 de septiembre rodearemos el Congreso de los Diputados para rescatarlo de un secuestro que ha convertido a esta institución en un órgano superfluo. Un secuestro de la soberanía popular llevado a cabo por la Troika y los mercados financieros y ejecutado con el consentimiento y la colaboración de la mayoría de los partidos políticos. Partidos que han traicionado sus programas electorales, a sus votantes y a la ciudadanía en general incumpliendo promesas y contribuyendo al empobrecimiento progresivo de la población.

Rodeamos el Congreso después de más de un año de intensas movilizaciones en todos los sectores sociales y tras comprobar que no puede haber democracia cuando las instituciones que dicen representarla se mueven por intereses que no son los de la mayoría. Porque no tenemos nada que hablar con un poder que ha demostrado sistemáticamente ser ciego, sordo y mudo a justas y concretas demandas de igualdad y justicia social. Lo rodeamos para rescatar a la política de un régimen económico insostenible y depredador: el sistema capitalista.

Rodeamos el Congreso porque queremos dar un salto en la movilización social y poner en el centro la recuperación de la soberanía y del poder ciudadano, es decir, de la democracia. Hemos creado numerosos procesos de lucha, espacios de participación y discusión en las redes y en las plazas, en los barrios y en los centros de trabajo, y hemos llevado a cabo iniciativas que queremos seguir desarrollando desde abajo, sin atajos y paso a paso. Porque creemos que el tiempo de las decisiones tomadas por unos pocos ha terminado; porque, frente a quienes quieren dejarnos sin futuro, tenemos los medios y la inteligencia colectiva para decidir y construir la sociedad que queremos; porque no necesitamos falsos intermediarios, sino recursos y herramientas colectivas que fomenten activamente la participación política de todas las personas en los asuntos comunes.

Rodeamos el Congreso el 25S para decirles a quienes dicen mandarnos que no, que desobedeceremos sus imposiciones injustas, como la de pagar su deuda, y que defenderemos los derechos colectivos: la vivienda, la educación, la salud, el empleo, la participación democrática, la renta. Para iniciar un proceso que permita que los responsables de la crisis dejen de ser impunes, para que los pirómanos que han provocado nuestra crisis no sean recompensados y empiecen, en cambio, a ser juzgados.

El 25 de septiembre nos manifestaremos alrededor del Congreso porque queremos recuperar la responsabilidad sobre nuestro propio futuro sin aceptar imposiciones. Para decirles a quienes tienen secuestrada la democracia que ha llegado el momento de irse y para exigir la dimisión de este Gobierno como primer paso, porque vamos a liberarla iniciando un proceso constituyente. Un proceso de participación directa abierto en el que determinemos y pongamos en marcha las instituciones políticas, herramientas de participación y mecanismos jurídicos y políticos que necesitamos para garantizar que las decisiones colectivas sean completamente efectivas. Un proceso constituyente sostenido y cuya definición colectiva comienza, pero no termina, el 25S.

Rescatar el Congreso es lanzar una invitación a que se articulen y unan otros movimientos sociales como la lucha de los funcionarios por la defensa de los servicios públicos, las diversas “mareas” y otras luchas por la igualdad y la justicia social. Significa negarnos a aceptar el miedo, la impotencia y la desorientación surgidas de la reducción de lo político a lo económico y sus consecuencias fascistas, xenófobas, racistas y machistas. Y buscar una salida colectiva.

Invitamos a todas las personas que quieran acompañarnos a rodear el Congreso el 25 de septiembre, a decir ¡basta! y a continuar este camino para rescatar la democracia y la soberanía.

Queremos derechos, democracia, justicia y libertad para todo el mundo.

Hasta aquí hemos llegado, no tenemos miedo.

Nos vemos el 25S… y más allá.

[Este manifiesto es fruto del debate en las asambleas de esta Coordinadora*, un esfuerzo de síntesis de los motivos para el 25S que compartimos y otra de las voces por las que puedes sentirte apelado/a para acudir]

http://coordinadora25s.wordpress.com/manifiesto/

Unidad Cívica por la República (UCR), nuestro referente federal, forma parte de la Plataforma ¡En Pie!, que a su vez integra la Coordinadora 25S junto con otros colectivos y organizaciones.

** Cartel con los horarios de las acciones del 25S, publicado en la página web yovoy25s.

viernes, 21 de septiembre de 2012

Carrillo, de película


Isaac Rosa


19/09/2012

Cuando yo era niño (nacido en 1974), en el colegio contábamos chistes que, en variación del clásico “van un francés, un inglés y un español en un avión…”, comenzaban con la fórmula: “Van Suárez, Fraga y Carrillo en un avión…”. Esperen, no huyan, que no voy a ponerme nostálgico en plan Cuéntame. Si comienzo con este apunte costumbrista es para ilustrar mi tesis: para varias generaciones de españoles, la mía, las posteriores y algunas anteriores, Santiago Carrillo es un personaje de ficción. No un personaje histórico, real, sino de ficción, de película.

Protagonista de chistes, de anécdotas (la peluca, el cigarro, lo que dijo tal o cual día), de cuentos para asustar a los niños de derechas (para la caverna ha sido un coco hasta ayer mismo: recuerden a la dimitida Aguirre, en el debate regional de la semana pasada), y de no pocas leyendas del antifranquismo y la Transición. Pero sobre todo Carrillo fue uno de los actores principales de una ficción superior: La Historia de España en el siglo XX, drama por entregas.

Santiago Carrillo protagonizó unas cuantas escenas de acción, algunas terribles, en el primer capítulo de la serie, de género bélico: La Guerra Civil. Tuvo papel muy destacado en el siguiente episodio, de género negro: Franquismo y Antifranquismo, un tiempo turbulento del que salió ileso entre muchos que no pudieron contarlo. Disfrutó de generosos primeros planos en la tercera entrega, del género “final feliz”: La Gran Transición; y aceptó un papelito, secundario pero prestigioso, en el capítulo culminante, del género musical: Democracia, donde se paseó a la manera de esos grandes del cine que, tras ser galanes de éxito en su juventud, en la vejez siguen aceptando papeles menores pues caen simpáticos al espectador.

En los últimos minutos de la película ya era sólo un figurante, de relumbrón pero figurante, de esos que merecen mención especial en los títulos de crédito aunque ya apenas tengan frase, les basta con sentarse al fondo con su icónico cigarro y que sean las arrugas las que hablen por él.

Con su muerte, tras una vida tan larga e intensa, Carrillo tiene la fortuna de quedarse fuera del reparto en el capítulo de desenlace que remata aquella exitosa superproducción: El hundimiento, esta vez del género cine de catástrofes. Ha salido de escena justo a tiempo para llevarse un ramo de flores, una placa en el teatro, y el respeto y cariño de la profesión, en un momento en que cada vez más espectadores cuestionan la calidad del guión y sobre todo el resultado de aquella película, y antes de que empiecen a caer tomates también sobre los padres de una democracia frágil, tan frágil que en cuanto le ha dado el primer viento fuerte ha empezado a tambalearse y se volatilizan derechos sociales y conquistas.

Se fue Fraga, como se fue Peces Barba y otros antes. Se va Carrillo y se ahorra la tristeza de ver cómo su obra más laureada, la Transición y la democracia resultante, envejece mal, amarillea, enseña los descosidos y acaba por irritar a un público que ha permanecido en silencio durante todo el metraje para al final llevarse el susto de un final así.

Aunque hoy sean mayoría los elogios, Santiago Carrillo tuvo detractores durante toda su carrera, tanto en la derecha más ultra (esa que todavía emplea “comunista” como un insulto, y vuelvo a la Aguirre última), esa derecha extrema que hace meses blanqueaba a Fraga y que ahora no esperará a que se enfríe el cadáver para negarle sepultura en el panteón de grandes hombres; como también entre parte de la izquierda, sobre todo sus antiguos compañeros que hoy le rinden respeto pero que recibieron como puñaladas algunas de sus decisiones en momentos cruciales.

Carrillo, como todos los grandes de la escena, fue un actor polifacético, que no se encasillaba, capaz de hacer creíble por igual al héroe (de la defensa de Madrid, del antifranquismo más duro, de una Transición donde pocos habrían querido estar en la camisa del secretario del PCE con la Guerra Fría todavía echándote el aliento en la nuca); como en controvertidos papeles de villano (un asesino para los ultras que quisieron empapelarlo varias veces; un traidor para algunos de sus ex compañeros); capaz de poner rostro duro al comunista más férreo en sus primeros años y acabar interpretando a un socialdemócrata suave. Pero el papel que escogió en su tramo final, por el que será recordado e ingresará en los manuales, el que evocaba ayer la clase política y llena hoy las portadas y páginas de opinión de la prensa no revanchista, es el de hombre de Estado, padre de esta democracia, y como tal corresponsable de la misma, para lo bueno y para lo malo.

No es momento de pedirle cuentas (hemos tenido 97 años para hacerlo) por sus pactos, cesiones y renuncias, porque además Carrillo, como tantos de su generación, fue a la vez protagonista y víctima del tiempo que le tocó vivir. Hoy toca reconocerle su militancia antifascista y su persistencia, y concederle el respeto que se ganó, y el cariño que conquistó entre tantos españoles que, en efecto, lo querían como se quiere a una estrella de cine, y como tal hoy le aplauden. Descanse en paz.

http://www.eldiario.es/zonacritica/carrillo_democracia_transicion_6_49055124.html

* En el centro de la fotografía, Santiago Carrillo firmando los Pactos de la Moncloa el 25 de octubre de 1977. Junto a él, aparecen Adolfo Suárez, Rodolfo Martín Villa, Francisco Fernández Ordóñez, Ramón Tamames y Jordi Solé Tura, entre otros.

miércoles, 19 de septiembre de 2012

En la muerte de Carrillo



Público

19/09/2012

Ha muerto Santiago Carrillo Solares, el de las tres vidas: la lucha antifascista desde los ideales comunistas, el proceso normalizador de la Transición y su adscripción a posiciones modernizadoras que, por ejemplo, lo acercaron mucho a las propuestas de ZP al principio de sus dos mandatos.

Lo conocí a mediados de los setenta en el piso de la Fundación de Investigaciones Marxistas en la calle Alameda. Preparábamos la fase final de la legalización y, algo después, las primeras elecciones generales. Su voz había vibrado hablando del ruido de sables en la reunión de Capitán Haya, donde confirmamos que no estábamos por procesos separatistas y aceptábamos la bandera como parte de un texto constitucional; después alguien añadió, pero fuera de la reunión, una aceptación de la corona que no se discutió.

Tenía prisa. Prisa por ocupar el espacio moderado de los socialistas y sus cuarenta años de vacaciones, como repetía Tamames. Prisa por adquirir no exactamente notoriedad, sino una respetabilidad que lograra superar su imagen, la imagen que de él había labrado el franquismo. Prisa que lo llevó a adaptar el partido a través de métodos de urgencia a una desactivación que convenía a la paz social requerida por la llamada Transición.

Recuerdo uno de sus argumentos, a raíz de sus declaraciones en una de las universidades más reaccionarias de los Estados Unidos: si quitamos el leninismo, en las próximas elecciones subiremos al 25%. Aquí hay que enganchar la creación del Eurocomunismo.

Y recuerdo su mantra cuando las cosas empezaron a torcerse a principios de los ochenta (nunca superó que no pasáramos del 10%): a mí no me jodáis, venía a decir, que si yo quisiera, fuera del partido, sería una personalidad de relumbrón.

Pero de todas formas, en su vida primera, Carrillo fue un dirigente con valor, que se atrevió a todo, incluso a sustituir a Dolores antes de tiempo. No debemos, en ningún caso, ocultar lo positivo: fue un luchador antifascista notable e incansable hasta el final de esta etapa.

Precisamente se va Carrillo en el momento en que la conciencia de que no fue una Transición tan modélica empieza a extenderse y cristalizar. Por una parte se habla de la necesidad de una segunda Transición; por otra, se habla de que es inevitable un periodo constituyente, dado el desgaste político, la voladura de la Constitución y la erosión multiplicadora que ha supuesto la crisis. Pero Carrillo se ha ido antes, en plena etapa de condensación de esta crisis política e ideológica.

Pero hay algo que sí ha impactado fuertemente en el ámbito de sus ideas: la crisis de la socialdemocracia. Todos los militantes que a partir de 1984 se fueron con él, acabaron en el PSOE. Él (que, por cierto, nunca fue expulsado del PCE a pesar de lo que se dice), los acompañó hasta la puerta, incluida parte de su familia, y se quedó fuera. Y lo mismo que en una etapa anterior se "enamoró" (era muy enamoradizo) de Suárez, tuvo el mismo flechazo político de Zapatero; y ahí se refugió. Era la idea de una nueva formación, más allá de la socialdemocracia, fresca y mediática, europeísta, que pudiera superar algo que él no dejó nunca de repetir: la política ya no es la lucha clase contra clase. Una formación que conectara con la construcción civilizada de la Europa de los ciudadanos frente a la Europa de los mercaderes. Y este derrumbe de la modernidad, después de la caída del Muro de Berlín, sí le ha pillado de cabo a rabo. Esta orgía de los mercados sí ha llegado a conocerlo Santiago con plena intensidad. Quizás por eso, buscando siempre agarrarse a las ramas del futuro, apoyó la necesidad de crear ciertas formaciones superadoras a la vez de IU y del PCE. Aunque hay que reseñar otra de las características de Santiago: desde el principio sabía que la realidad no podría derrotarlo jamás. ¿Qué hacía entonces? Cuando la realidad, como si fuera una chaqueta, no le cabía en la maleta de su pensamiento, recortaba la chaqueta hasta que cabía. Y lo sabía. Sabía que lo estaba haciendo. Pero también sabía que era un truco necesario para cualquier superviviente, y más para él, que era un superviviente profesional.

Participamos juntos en su primera (desde los años 70) y segunda vida (casi entera). En la tercera hubo que partir peras, máxime cuando mantenía la idea que tras él ya no podía existir el PCE. Además, en cierto grado, aunque seguía su entrañable relación con los viejos camaradas, había cambiado la épica de la resistencia ("Con los zapatos puestos tengo que morir", Alberti) por un supuesto discurso de inteligencia modernizadora. Nadie supo nunca esconder mejor las derrotas que él. La segunda parte del libro que estoy escribiendo empieza con la muerte de Santiago; se llama: "La disciplina de la derrota".

Que la tierra te sea leve, Santiago.

http://www.publico.es/espana/442534/en-la-muerte-de-carrillo

* El autor fue secretario general del Partido Comunista de Andalucía (1981-2002) y presidente ejecutivo del Partido Comunista de España (2005-2009).

lunes, 17 de septiembre de 2012

15-S: El Partido del Pueblo frente al Partido de Wall Street


Pablo Iglesias*


15/09/2012

Poco después de ser elegido presidente de los EEUU, Bill Clinton declaró irónicamente: “¿Pretenden decirme que el éxito del programa económico y de mi reelección dependen de la Reserva Federal y de un puñado de mercaderes de bonos?”. Viniendo de alguien que se jugó su carrera política dejándose hacer (o exigiendo que le hicieran) una mamada en el despacho oval, no deberíamos restarle valor a lo que dijo el más seductor de los presidentes norteamericanos desde Kennedy. Clinton, sin duda, le echó agallas al reconocer que en los Estados Unidos, al menos desde que saltara por los aires el sistema de Bretton Woods con el abandono del patrón oro, manda un solo partido, el Partido de Wall Street.

Pero si algo hemos aprendido desde la quiebra de Lehman Brothers es que el de Wall Street es el más leninista de los partidos; no sólo manda en Estados Unidos, es un partido de clase con vocación internacional.

El Partido de Wall Street representa a aquellos que viven hoy en el ático del sistema económico. Es el que favoreció las hipotecas subprime en los Estados Unidos que sirvieron para desahuciar a millones de estadounidenses pobres primero (afroamericanos, latinos y mujeres separadas con hijos) y de clase media después. El Partido de Wall Street, encabezado por el secretario del Tesoro y ex director ejecutivo de Goldman Sachs Henry Paulson, fue el que dio un golpe de Estado en Washington obligando al gobierno norteamericano a inyectar setecientos mil millones de dólares en el sistema bancario. Es el mismo partido en el que milita Merkel, el que ayer fijaba planes de ajuste estructural en países periféricos y hoy programas de recortes en Europa.

Este partido lleva activo desde mucho antes de que estallara esta crisis y ha mantenido siempre una línea política precisa: proteger a las instituciones financieras. El Partido de Wall Street fue el que obligó a México a rescatar a sus bancos en 1982 aplicando una máxima que los europeos del sur conocemos hoy muy bien “privatizar los beneficios y socializar los riesgos” y el que hizo secretario general de su sección en aquel país a Carlos Slim (el hombre más rico del mundo) que a principios de los noventa pudo privatizar el sistema mexicano de telecomunicaciones. Entre los ilustres funcionarios del Partido de Wall Street en las últimas décadas destacan Margaret Thatcher, que aplastó al movimiento obrero en Reino Unido, Augusto Pinochet que hizo lo propio con el Gobierno de la Unidad Popular a costa de miles de muertos, o Ronald Reagan que diseñó un sistema fiscal que concentraba toda la presión sobre las familias pobres y de clase media al tiempo que libraba a los ricos de pagar impuestos. Este partido fue el que favoreció la deslocalización de la producción industrial para aumentar los beneficios a costa de mano de obra barata y sin derechos. El Partido de Wall Street también tiene funcionarios en España, entre los que destacan prominentes gobernantes (algunos con carnet del PSOE y otros con carnet del PP) que pasan de los consejos de administración de las grandes empresas a los consejos de ministros y viceversa. Una de las más destacas funcionarias de este partido en las últimas semanas es Esperanza Aguirre que ha logrado finalmente convencer a su camarada Adelson de hacer negocios juntos en Madrid (yo haré que te forres y tú me financiarás la campaña como has hecho en EEUU).

Pero entonces ¿Qué significa lo que hemos visto este 15 de septiembre en las calles? Quizá estemos ante lo más parecido en España a la militancia del partido de los que no viven en el ático del sistema económico; trabajadores sindicados, ciudadanos indignados, grupos de izquierdas, migrantes, movimientos sociales, gente normal, mucha gente que ha vuelto a confluir en un clamor contra los recortes.

Sin embargo, los dirigentes del Partido de Wall Street tienen mucha más conciencia de sí mismos, de sus intereses, de su proyecto político y de no tener más patria que su dinero y sus privilegios, que la gente normal que no vive en el ático.

Está claro que la pregunta política crucial a responder en estos momentos es quien está llamado a asumir el papel de contención a la lógica del capital que, en los siglos XIX y XX, correspondió al movimiento obrero y a los movimientos de liberación nacional.

Habrá quien quiera responder que precisamente eso es lo que hay que hacer: recuperar las banderas y los símbolos de un glorioso pasado. Pero la historia sólo se repite como farsa y la política no permite el atajo de sustituir las horas grises de estudio que requieren los diagnósticos y los análisis por cuadros de santos en la pared y fraseologías repetidas. Es indudable que el marxismo tiene más vigencia que nunca para explicar el funcionamiento histórico de la economía, pero la política, aunque nunca haya sido autónoma ni independiente de la economía, tiene su propia lógica (de esto se dieron cuenta los mejores marxistas), como hemos comprobado con la inmensa demostración popular catalana el martes en la Diada.

Por eso la izquierda no debería olvidar que el único partido que podrá enfrentarse al Partido de Wall Street será el Partido del Pueblo, cualquiera que sea su forma o el color de sus banderas.

http://blogs.publico.es/pablo-iglesias/77/15-s-el-partido-del-pueblo-frente-al-partido-de-wall-street/

* Pablo Iglesias Turrión es profesor de Ciencia Política en la Universidad Complutense de Madrid y director y presentador de la tertulia política La Tuerka CMI en Tele K, la televisión local de Vallecas.

sábado, 15 de septiembre de 2012

Llegó el momento


Julio Anguita González


Septiembre de 2012

Todos tenemos asumido que con Septiembre comienza una fase en la situación económica, social, política e ideológica en la que no caben dilaciones, análisis de coyuntura o flirteos institucionales. Todo lo ocurrido, hasta ahora, no es otra cosa que un largo período de acumulación de fuerzas, acciones y proyectos para abordar esta recta final que tiene su inicio formal con la petición de rescate que el Reino de España haga a la UE. Durante ese período de tiempo que tiene su inicio en Maastricht las políticas neoliberales, de mano de una y otra columna del bipartidismo, se han ido imponiendo y arrasando las defensas ideológicas de la izquierda, sus valores, sus organizaciones. Y con ello han minado el arraigo que antaño tuvieron entre sus naturales defensores. El que de los restos del naufragio queden islotes, presencia combativa e indómitas voluntades organizadas en precario, no resta un ápice a la realidad que estoy describiendo.

Septiembre nos va a resumir, vía recortes y pérdida total de la llamada soberanía nacional un cuadro que de manera muy resumida voy a desarrollar en una serie de ítems:

1. Una deuda absolutamente impagable.

2. Un país, sus hombres y mujeres, sin horizonte alguno y sin plazo de futuro.

3. Un país que se diluye en la medida en que sus jóvenes (la España del futuro) carecen de alternativa alguna. La emigración sólo es viable para algunos titulados; para el resto sólo quedan la familia y las esporádicas peonadas de un trabajo jornalero aquí y allá.

4. La estúpida (por irreal y alucinógena) imagen de la Europa cristalizada en la UE, ha dejado de ser ya un referente para nada serio y avanzado en derechos humanos, laborales y convergencia social.

5. El pacto de concupiscencias, la transacción que fue la Transición, ha mostrado su auténtica matriz: una operación de afeite y acicalamiento para que el franquismo económico y social se bañase en el Jordan democrático y permaneciese indemne.

6. El llamado Estado de Derecho es una ficción en la que los tres Poderes del Estado rivalizan en desafueros, mal ejemplo y pérdida de credibilidad.

7. Como consecuencia de lo anterior España está asentada en la permanente inseguridad jurídica.

8. Una economía que tras el espejismo del ladrillo se muestra carente de tejido productivo moderno, sin proyecto ni plan de futuro y sobre todo, sin ganas de tenerlo.

9. Un sistema bancario que en connivencia con otras fracciones de la oligarquía, se ha dedicado a esquilmar a su propio país. Los escasos exponentes de capacidad creadora y mantenedora de puestos de trabajo sienten ya la llamada a su fin. 

10. Un sistema político que, con las excepciones de rigor, no da para más. Desde el vértice del mismo hasta la más amplia base no es otra cosa que una alianza de intereses espurios, concomitancias con medios de comunicación convenientemente abducidos y conmilitones en el festín.

Todo ello en una serie de exhibiciones de chulapos y chulapas de la política y el casticismo más cutre en la que lo anecdótico, lo fugaz, lo anecdótico, suplantan la seriedad, el rigor y el sentido de la ponderación. No hay más que seguir durante una semana los informativos nacionales o de comunidad autónoma para ver que no exagero en absoluto.

El problema que tenemos ante nosotros, mujeres y hombres de la izquierda, trasciende los márgenes partidarios, los límites conceptuales clásicos y nos demanda una nueva manera de abordarlos, un nuevo discurso, una nueva terminología, unos nuevos esquemas organizativos. La organización llamada Partido no puede ser un conglomerado de afinidades y de fórmulas lingüisticas heredadas de una tradición más reciente. Precisamente en la tradición más clásica, encontramos la concepción de Partido como Teoría y Práctica organizadas para ser sembradas en la sociedad. La apelación al ciudadano elector ya no vale si no va acompañada de la constancia en la presencia diaria.

El problema que tenemos ante nosotros no es otro que conseguir que la mayoría de dominados y perjudicados deje de ser mayoría en sí y se convierta en mayoría para sí, tal y como Marx dijera de la clase obrera. Porque solamente esa mayoría convertida en poder alternativo puede acabar con este estado de cosas**. Nosotros hemos rozado esa nueva visión y esa nueva práctica, pero nos dio miedo, vértigo. Volvamos otra vez a ello arrostrando las consecuencias de todo tipo que ello conlleve. La realidad nos lo demanda.

http://www.mundoobrero.es/pl.php?id=2064&sec=3&aut=1

* Instantánea de Julio Anguita en la cordobesa plaza de la Corredera.

** Mañana mismo, domingo 16 de septiembre, se va a celebrar en Granada la Asamblea Constituyente del Frente Cívico "Somos Mayoría" en nuestra provincia. La cita será a las 6 de la tarde en la sede de la asociación de vecinos del Zaidín-Vergeles, sita en el Centro Cívico del populoso barrio granadino (calle Pintor Manuel Maldonado, s/n).

jueves, 13 de septiembre de 2012

15-S: ¡Vamos todos a Madrid, a defender nuestro futuro!


Declaración del Segundo Encuentro de la Cumbre Social

10/09/2012

El pasado 25 de julio más de 150 organizaciones de la sociedad civil*, que agrupan a más de 900 asociaciones y entidades, nos reunimos en lo que denominamos Cumbre Social para reflexionar sobre la situación por la que está atravesando nuestro país, la naturaleza y las consecuencias económicas y sociales de las políticas que se están llevando a cabo por el Gobierno de la nación en connivencia con la Unión Europea, y para mancomunar la respuesta social con el objetivo de promover un cambio sustancial de las mismas.

Vimos entonces cómo las políticas que se están implementando desde mayo de 2010 y que se han intensificado desde la llegada del PP al Gobierno están suponiendo una fractura social sin precedentes: Se sigue destruyendo empleo; se siguen deteriorando los derechos laborales y sociales; se intensifica la devaluación de nuestro Estado de Bienestar; se promueve una involución ideológica de carácter neoconservador y confesional negando a las mujeres el derecho a decidir sobre su salud sexual y reproductiva, profundizando la división sexual del trabajo, reduciendo los recursos contra la violencia sexual, criminalizando a la población inmigrante,... y aparecen síntomas preocupantes de autoritarismo político que amenazan la calidad de nuestro sistema democrático. No existe ningún colectivo, ni ámbito de la actividad social y cultural, que se libre de las consecuencias de estas políticas salvo los poderes económicos y las élites que los representan. Todo ello, sin que en estos dos años largos de políticas neoliberales a ultranza aparezca el más mínimo indicio de superación de la crisis, antes al contrario, se profundiza la recesión económica.

El mundo del trabajo, los empleados y empleadas públicos, los desempleados y los pensionistas, los autónomos, el pequeño comercio; el mundo de la cultura y la ciencia; la justicia; el medio rural; los medios de comunicación y los periodistas, los inmigrantes, los jóvenes; la sanidad, la educación, la dependencia y los servicios sociales; el medio ambiente y las posibilidades de un modelo económico sostenible, los derechos de los consumidores, la actividad de las organizaciones que trabajan con los más empobrecidos y que practican la cooperación al desarrollo, ... TODO y TODOS y TODAS estamos sufriendo las consecuencias de unas políticas que nos llevan a un cambio de modelo social y nos arrastran hacia una sociedad más injusta, menos igualitaria y más autoritaria, rompiendo los consensos básicos establecidos en la transición democrática.

Desde la pasada reunión de la Cumbre Social hemos seguido sufriendo centenares de incendios repartidos por toda nuestra geografía que podrían haberse evitado o, al menos, haber sido menos devastadores si no se hubiesen recortado los recursos dedicados a ello ni destruido la ganadería extensiva como elemento de limpieza de los montes; se ha prolongado la ayuda a los parados que no perciben ninguna prestación pero reduciendo muy significativamente el número de beneficiarios de la misma, cebándose muy especialmente en los jóvenes; se ha intensificado la persecución de aquellas organizaciones no sumisas a las directrices del poder como ha sucedido con las amenazas contra FACUA, ha continuado el cerco del Gobierno central hacia las corporaciones locales, particularmente las menores, y hacia las CCAA y ha aumentado exponencialmente el riesgo de rescate de la economía española.

Las organizaciones reunidas en esta segunda Cumbre Social ratificamos el compromiso adquirido en la anterior de conseguir el próximo 15 de septiembre una gran concentración en Madrid, que exprese el profundo rechazo que nos merecen estas políticas; que plantee con nitidez que existen alternativas a las políticas europeas y nacionales, empezando por una política fiscal más justa y progresiva y una decidida lucha contra el fraude fiscal sin amnistía para los defraudadores. El 15 de septiembre, también, debe cuestionar la legitimidad del Gobierno para llevar a cabo unas medidas que no formaron parte de su programa electoral.

Ninguna de las medidas que, desde enero, se vienen aplicando se sometió a la consideración de la ciudadanía en las pasadas elecciones del 20 de noviembre. Cada una de ellas de manera aislada ya supone un ejercicio de ocultación suficientemente grave, pero todas juntas, como programa de acción gubernamental, supone un auténtico fraude democrático y una violación de los derechos humanos y de la ética de la política.

El mal llamado rescate (ni blando ni suave) que negocia el Gobierno ni es inevitable ni deseable con los antecedentes conocidos (Grecia, Irlanda, Portugal) y, de llevarse a cabo, supondrá nuevas condiciones y por tanto nuevos recortes, que amenazan con desbaratar lo poco que se mantiene en pie, prestaciones por desempleo, pensiones,... Ésa es una decisión de tal trascendencia que no puede tomarla el Gobierno por sí sólo. Si antes teníamos suficientes motivos para exigir un Referéndum, ahora más.

La Constitución Española contempla en su artículo 92.1 la posibilidad de que ante decisiones de especial relevancia se recurra a la consulta popular, eso es lo que da sentido y fortalece nuestra democracia, lo que en momentos tan críticos es justo que demandemos. En todo caso la ciudadanía debe tener la posibilidad de expresarse. Ése también es nuestro compromiso. 


* ACSUR-Las Segovias • ACULCO • AMTAS-UPTA • APIAERPA, Asociación para la Integración y el Asesoramiento de Emigrantes Retornados al Principado • ARI-Perú • Asamblea de Cooperación por la Paz (ACPP) • Asociación Directores y Gerentes de Centros de Servicios Sociales • Asociación de Futbolistas de España (AFE) • Asociación de Graduados en Ingeniería Civil • Asociación Jueces para la Democracia • Asociación de Jugadores de Fútbol Sala (AJFS) • Asociación de Mujeres “Nosotras Mismas”, de Chamberí • Asociación Unificada de Guardias Civiles (AUGC) • Asociación Unificada de Militares Españoles (AUME) • Asociación de Planificación Familiar de Madrid • ATTAC • Asociación Paz Ahora • CEPES • CCOO, Comisiones Obreras • Código por el Derecho Social • CONADEE C.N. Ecuatorianos • Confederación Española de Asociaciones de Padres y Madres de Alumnos (CEAPA) • Confederación Estatal de Asociaciones Vecinales (CEAV) • Confederación Estatal de Personas Sordas (CNSE) • Confederación General de las Pequeñas y Medianas Empresas del Estado Español (COPYME) • Confederación Intersindical (CI) • Confederación de Consumidores y Usuarios (CECU) • Confederación Sindical Independiente y de Funcionarios (CSI-CSIF) • CONFESAL • CJE, Consejo de la Juventud de España • Consejo General de Trabajo Social • Consejo General de Colegios Oficiales de Médicos • Coordinadora de ONG’s de Desarrollo (CONGDE) • Coordinadora de Organizaciones de Agricultores y Ganaderos (COAG) • Coordinadora Española Para el Lobby Europeo de Mujeres (CELEM) • Coordinadora Feminista • Consejo General de la Psicología • Ecologistas en Acción • Economistas Frente a la Crisis • Enclave Feminista • Estudiantes en Movimiento • Federación de Asociaciones de Subinspectores de Empleo y Seguridad Social • FACUA, Consumidores en Acción • Federación de Artistas del Estado Español • Federación de Asociaciones de Estudiantes Progresistas • Federación de Asociaciones de Inspección Servicios Sanitarios (FAISS) • Federación de Asociaciones de Mujeres de la Economía Social (ESFERA) • Federación de Asociaciones en Defensa de la Sanidad Pública (FASDP) • FELGTB, Federación Estatal de Lesbianas, Gays, Transexuales y Bisexuales de España • Federación de Jóvenes Investigadores • Federación de Mujeres Progresistas • Federación de Mujeres Rurales (FADEMUR) • Federación de Mujeres Separadas y Divorciadas • FSM, Foro Social de Madrid • Fórum de Política Feminista • Federación de Asociaciones de Vecinos de Madrid (FRAAVVM) • GESTHA, Sindicato de Técnicos de Hacienda • Ingeniería sin Fronteras • Instituto Sindical de Cooperación al Desarrollo (ISCOD) • Mesas Ciudadanas de Convergencia y Acción • Liga Española de la Educación y la Cultura Popular • MPDL • Observatorio de la Responsabilidad Social Corporativa • Plataforma Social en Defensa del Estado de Bienestar Social y de los Servicios Públicos (que agrupa a unas 60 organizaciones) • Plataforma 2015 y más • Psicólogos sin Fronteras • Plataforma en Defensa de la Ley de Dependencia, Distritos de Madrid • Plataforma de Afectados por la Ley de Dependencia • Secretaría de Comités Óscar Romero del Estado Español • Sindicato de Arquitectos • Sindicato Español de Maquinistas y Ayudantes Ferroviarios (SEMAF) • Sindicato de Estudiantes • Sindicato Independiente de Enseñanza (ANPE) • Sindicato de Periodistas • Sindicato de Secretarios Judiciales • Sindicato de Técnicos de Enfermería (USAE) • Sindicato de Trabajadores de la Administración de Justicia (STAJ) • Sindicato Unificado de la Policía (SUP) • Socialismo 21 • Sociólogos sin Fronteras • UGT, Unión General de Trabajadores • Unión de Actores • Unión de Asociaciones de Trabajadores Autónomos y Emprendedores (UATAE) • Unión Federal de Policía (UFP) • Unión de Guardias Civiles (UGC) • Unión de Pequeños Agricultores y Ganaderos (UPA) • Unión Progresista de Fiscales • Unión Sindical Obrera (USO) • Unión de Profesionales y Trabajadores Autónomos (UPTA).

martes, 11 de septiembre de 2012

Otoño caliente


Ignacio Ramonet


Septiembre de 2012

Como si las vacaciones de verano fuesen un manto de olvido que disipase la brutalidad de la crisis, los medios de comunicación han tratado de distraernos con dosis masivas de embrutecimiento colectivo: Eurocopa de fútbol, Juegos Olímpicos, aventuras estivales de ‘famosos’, etc. Desean hacernos olvidar que una nueva andanada de recortes se avecina y que el segundo rescate de España será socialmente más lastimoso… Pero no lo han conseguido. Entre otras razones, porque los audaces aldabonazos de Juan Manuel Sánchez Gordillo y el Sindicato Andaluz de Trabajadores (SAT) han roto el conjuro y mantenido la alerta social. El otoño será caliente.

En una conversación pública mantenida en agosto pasado (1) con el filósofo Zygmunt Bauman coincidíamos en la necesidad de romper con el pesimismo imperante en nuestra sociedad desengañada del modo tradicional de hacer política. Debemos dejar de ser sujetos individuales y aislados, y convertirnos en agentes del cambio, en activistas sociales interconectados. “Tenemos el deber de tomar el control de nuestras propias vidas –afirmó Bauman–. Vivimos un momento de grave incertidumbre donde el ciudadano no sabe realmente quién está al mando, y esto hace que perdamos la confianza en los políticos y en las instituciones tradicionales. El efecto en la población es una situación constante de miedo, de Los políticos sugestionan a los ciudadanos para que siempre tengan inseguridad… miedo, y así poder controlarlos, constreñir sus derechos y limitar las libertades individuales. Estamos en un momento muy peligroso, porque las consecuencias de todo esto afectan nuestra vida diaria: nos repiten que debemos tener seguridad en el trabajo, mantenerlo a pesar de las duras condiciones de empleo y de precariedad, porque así obtendremos dinero para poder gastar... El miedo es una forma de control social muy poderosa”.

Si el ciudadano ya no sabe quién está al mando es porque se ha producido una bifurcación entre poder y política. Hasta hace poco, política y poder se confundían. En una democracia, el candidato (o la candidata) que, por la vía política, conquistaba electoralmente el poder Ejecutivo, era el único que podía ejercerlo (o delegarlo) con toda legitimidad. Hoy, en la Europa neoliberal, ya no es así. El éxito electoral de un Presidente no le garantiza el ejercicio del poder real. Porque, por encima del mandatario político, se hallan (además de Berlín y Angela Merkel) dos supremos poderes no electos que aquél no controla y que le dictan su conducta: la tecnocracia europea y los mercados financieros.

Estas dos instancias imponen su agenda. Los eurócratas exigen obediencia ciega a los tratados y mecanismos europeos que son, genéticamente, neoliberales. Por su parte, los mercados sancionan cualquier indisciplina que se desvíe de la ortodoxia ultraliberal. De tal modo que, prisionero del cauce de esas dos rígidas riberas, el río de la política avanza obligatoriamente en dirección única sin apenas margen de maniobra. O sea: sin poder.

“Las instituciones políticas tradicionales son cada vez menos creíbles –dijo Zygmunt Bauman– porque no ayudan a solucionar los problemas en los que los ciudadanos se han visto envueltos de repente. Se ha producido un colapso entre las democracias (lo que la gente ha votado), y los dictados impuestos por los mercados, que engullen los derechos sociales de las personas, sus derechos fundamentales”.

Estamos asistiendo a la gran batalla del Mercado contra el Estado. Hemos llegado a un punto en que el Mercado, en su ambición totalitaria, quiere controlarlo todo: la economía, la política, la cultura, la sociedad, los individuos… Y ahora, asociado a los medios de comunicación de masas que funcionan como su aparato ideológico, el Mercado desea también desmantelar el edificio de los avances sociales, eso que llamamos: “Estado de bienestar”. 

Está en juego algo fundamental: la igualdad de oportunidades. Por ejemplo, se está privatizando (o sea: transfiriendo al mercado) de forma silenciosa la educación. Con los recortes, se va a crear una educación pública de bajo nivel en el que las condiciones de trabajo estructuralmente van a ser difíciles, tanto para los profesores como para los alumnos. La enseñanza pública va a ­tener cada vez más dificultades para favorecer la emegencia de jóvenes de origen humilde. En cambio, para las familias acomodadas, la enseñanza privada va a conocer seguramente un auge mayor. Se van a crear de nuevo unas categorías sociales privilegiadas que accederán a los puestos de mando del país. Y otras, de segunda categoría, que sólo tendrán acceso a los puestos de obediencia. Es intolerable.

En ese sentido, la crisis probablemente actúa como el shock, del que habla la socióloga Naomi Klein en su libro La Doctrina del shock (2): se utiliza el desastre económico para permitir que la agenda del neoliberalismo se realice. Se han creado mecanismos para tener vigiladas y bajo control a las democracias nacionales, para poder aplicar (como está pasando en España y pasó antes en Irlanda, Portugal o Grecia) feroces programas de ajuste vigilados por una ­nueva autoridad: la troika que ­forman el Fondo Monetario Internacional, la Comisión Europea y el Banco Central Europeo; unas instituciones no democráticas cuyos miembros no son elegidos por el pueblo. Instituciones que no representan a los ciudadanos. 

Y sin embargo, esas instituciones –con el apoyo de unos medios de comunicación de masas que obedecen a los intereses de grupos de presión económicos, financieros e industriales– son las encargadas de crear las herramientas de control que reducen la democracia a un teatro de sombras y de apariencias. Con la complicidad complaciente de los grandes partidos de gobierno. ¿Qué diferencia hay entre la ­política de recortes de Rodríguez Zapatero y la de Mariano Rajoy? Muy poca. Ambos se han ­inclinado servilmente ante los especuladores financieros y han obedecido ciegamente a las consignas eurocráticas. Ambos han liquidado la soberanía nacional. Ninguno de los dos tomó decisión política alguna para ponerle freno a la irracionalidad de los mercados. Ambos consideraron que, ante los dictados de Berlín y el ataque de los especuladores, la única solución consiste –a semblanza de un rito antiguo y cruel– en sacrificar a la población como si el tormento inflingido a las sociedades pudiera calmar la codicia de los mercados.

En semejante contexto, ¿tienen los ciudadanos la posibilidad de reconstruir la política y de regenerar la democracia? Sin duda. La protesta social no cesa de amplificarse. Y los movimientos sociales reivindicativos se van a multiplicar. Por ahora, la sociedad española aún cree que esta crisis es un accidente y que las cosas volverán pronto a ser como eran. Es un espejismo. Cuando tome conciencia de que eso no ocurrirá y de que estos ajustes no son “de crisis” sino que son estructurales, que ­vienen para quedarse definitivamente, entonces la protesta social alcanzará probablemente un nivel importante. 

¿Qué exigirán los protestatarios? Nuestro amigo Zygmunt Bauman lo tiene claro: “Debemos construir un nuevo sistema político que permita un nuevo modelo de vida y una nueva y verdadera democracia del pueblo”. ¿A qué esperamos?

(1) En el marco del Foro Social organizado en el seno del Festival Rototom Sunsplash en Benicàssim (Castellón) del 16 al 23 de agosto de 2012. www.rototomsunsplash.com/es

(2) Naomi Klein, La doctrina del shock. El auge del capitalismo del desastre, Paidós, Barcelona, 2007.


domingo, 9 de septiembre de 2012

Politofobia


Editorial


07/09/2012

Cuando el capitalismo entra en su fase de crisis terminal, surge el fascismo para convencer a la población de que la culpa de todo no la tienen los verdaderos culpables sino los inmigrantes, los políticos, los sindicalistas, los judíos, los intelectuales, los musulmanes, los obreros, los homosexuales, los negros o todo aquel que no sea gran empresario o banquero.

Lo pudimos comprobar con la crisis de 1929.

Así pues, una de las características fundamentales del fascismo es la que podríamos denominar como “politofobia”, es decir, odio visceral hacia los políticos que ejercen tareas de representación democrática.

El caldo de cultivo idóneo para que la politofobia pueda propagarse es una sociedad políticamente inculta y permanentemente dispuesta a responsabilizar de todos los males al capataz y no al dueño de la finca.

Quizá como causa, quizá como consecuencia de esta estrategia, los políticos son ya el tercer problema para los españoles. Y subidos a este carro, algunos políticos (de esos que cuando culminan su labor institucional son fichados como consejeros por grandes empresas para que “aconsejen”) han comenzado a lanzar demagógicos discursos contra los políticos.

El punto máximo del aroma fascistoide lo alcanzó ayer la presidenta de Castilla–La Mancha, Dolores de Cospedal, cuando propuso suprimir las remuneraciones de los diputados autonómicos en su territorio, para que éstos se dediquen por completo a sus respectivas actividades profesionales, y destinen sólo algunos de sus ratos libres a las labores institucionales.

Tras el desplazamiento de los políticos castellano–manchegos hacia esta especie de voluntariado institucional surge una pregunta: ¿quién se encargará de la cosa pública cuando los políticos no se vean remunerados por su dedicación exclusiva? La respuesta del poder económico está clara: el Dinero gestionará lo que quede del Estado, por lo que, cuantos menos testigos haya, mejor.

En la España del siglo XIX, los caciques eran quienes componían los ayuntamientos, los parlamentos y las diputaciones, mientras se dedicaban a sus respectivos negocios ¿Es este el modelo que pretende implantar Cospedal? ¿Su propuesta de reducir el número de parlamentarios en Castilla–La Mancha tiene alguna otra finalidad, aparte de reforzar el bipartidismo decimonónico?

Evidentemente, es preciso racionalizar el gasto público y acabar con el mamoneo que se ha producido en muchas instituciones de nuestro país, pero eso no quiere decir que “los políticos” sean los culpables de la actual situación económica. De hecho, sólo a una pequeña parte de ellos que ha ejercido grandes tareas de gobierno, cabría imputarle una parte de la responsabilidad por el fracaso al que nos ha conducido la fallida ideología neoliberal.

Además, el volumen de gasto público destinado a pagar las retribuciones, los coches oficiales o los escoltas de los representantes institucionales del pueblo soberano es infinitamente menor que el que se ha dedicado y se va a dedicar a pagar los platos que rompieron un puñado de constructores, promotores y banqueros durante la época dorada del ladrillo.


viernes, 7 de septiembre de 2012

¿Está dejando de ser intocable la Monarquía?


Luis Arias Argüelles-Meres   

La Nueva España

04/09/2012

Sobre el manotazo regio

Proclamamos una vez más la majestad de nuestra República, la inquebrantable voluntad de nuestro civismo y la permanencia de las glorias españolas cifradas en sus instituciones libremente dadas por la nación. (Azaña)

Llegará el día en que se hablará con asombro de un tiempo y un país en el que gran parte de la prensa libre y la izquierda de siglas adoptaron una actitud cortesana difícilmente comprensible en lo que se supone que es un Estado democrático. Llegará el día en que muchos se pregunten por qué se aceptó con tanta sumisión que el sucesor de Franco en la Jefatura del Estado se mantuviera en ella durante décadas sin el refuerzo no ya de un plebiscito, sino ni tan siquiera de un debate libre, sin que la forma de Gobierno fuese un asunto tabú. Llegará el día en que no resulte fácil entender por qué una supuesta democracia no reivindicó la memoria de quienes tuvieron que abandonar su país por razones políticas. Llegará el día -y creo que no está muy lejano- en el que la transición no sea un mito, y se perciba con nitidez y sin prejuicios que lo que se hizo tras la muerte de Franco fue una especie de repetición -mutatis mutandis- de la Restauración canovista, con su bipartidismo y caciquismo en lo político. Y que la izquierda de siglas aceptó ese juego. Llegará el día en el que resulte muy difícil explicar que los grandes partidos no se pronunciasen sobre determinados lances. Pongamos como ejemplo el reciente episodio que tuvo como protagonistas al Monarca y a su chófer, lance que viene produciendo hilaridad, pero que deja perplejos a quienes se preguntan qué es lo que está pasando en este país.

Imagine el lector por un momento que hubiese documentos gráficos que plasmasen que Rajoy o Rubalcaba se comportasen de esa guisa con su chófer. La catarata de declaraciones sería arrolladora, y los calificativos, inequívocos. Y, sin embargo, la España oficial, incluidos grandes partidos y sindicatos, no se pronuncia al respecto. Y, aun así, lo cierto es que hay constancia de lo sucedido en una ciudadanía, atónita y crispada, que ve que, en la España oficial, todo el mundo pierde, como poco, los nervios.

Más allá de los chascarrillos y del humor facilón, alguien debería preguntarse si es de recibo que se trate de ese modo a un ciudadano en el ejercicio de su trabajo. Y alguien debería preguntarse también la relación que aconteceres así pueden guardar con un desprestigio que, por méritos propios, va en aumento, tal y como lo atestiguaba una encuesta que publicó recientemente un diario nacional, muy monárquico, por cierto, cuyos resultados daban cuenta del aumento creciente de ciudadanos que, llegado el caso, se pronunciarían por la República. Y el referido aumento es muy grande en los últimos quince años, el período que, al decir de Ortega, marca el tiempo de mando de una generación.

Y, por otro lado, cabe pensar que los grandes partidos empiezan a ser conscientes de que la opción republicana podría ir mucho más allá de un cambio en la Jefatura del Estado, es decir, que implicaría, como ocurrió en su momento, una regeneración política de arriba abajo y de abajo arriba, que no les dejaría mucho margen a los dos partidos turnantes de esta segunda Restauración borbónica.

La desafección y el desapego ciudadanos abarcan hoy, como hace cien años, a lo que Ortega llamaría en 1914 «la España oficial», una España oficial con políticos cada vez más mediocres y con una Monarquía que no pasa precisamente por su mejor momento.

En un país como éste, donde los dos grandes partidos vienen demostrando de continuo que son parte importante del problema pero que están muy lejos de ser la solución, la Monarquía no es ajena a escandaleras mediáticas y al desprestigio. Y, se quiera o no, ya ha dejado de ser intocable.

Lo que queda es un largo camino para el debate. Y para la regeneración, que nunca saldrá de la podredumbre de un bipartidismo que tanto contribuyó a arruinar el país, tanto por sus corruptelas y abusivos privilegios como también por su ineficiencia y creciente mediocridad.

La pregunta retórica más importante del momento es si cabe creer que la Monarquía puede seguir intacta en tanto sus escuderos más fieles, esto es, los dos grandes partidos con sus respectivas impedimentas mediáticas, viven merecidamente las horas más bajas desde la transición a esta parte. Añádase a ello que hay comportamientos y lances que, por sí solos, son nocivos para la institución a la que se dice representar.

http://www.lne.es/opinion/2012/09/04/dejando-intocable-monarquia/1293197.html

* Imagen del heredero del dictador con la nariz malherida tras su caída en el Cuartel General del Estado Mayor de la Defensa, en Madrid, el último 2 de agosto.

miércoles, 5 de septiembre de 2012

El Estado de malestar


La destrucción del Estado de bienestar conducirá a la entronización de un Estado de malestar de siniestros perfiles

Manuel Castells*

La Vanguardia

01/09/2012

Lo que estamos viviendo en el contexto de la crisis, en España y en el mundo, es la transición del Estado de bienestar al Estado de malestar. En la convención republicana de Estados Unidos, que tuvo lugar en Tampa esta semana, se aclamó un programa calcado del presupuesto que presento en el Congreso Paul Ryan, el líder más carismático de la derecha. Recortes presupuestarios a tope en las prestaciones sociales, reducción masiva de impuestos a los más adinerados y a las grandes empresas y mantenimiento de impuestos a los sectores medios y bajos. Así se supone que se reduce el déficit presupuestario (sobre todo por los recortes) y se estimula la inversión (porque se espera que los ricos inviertan con el dinero disponible en contra de la evidencia empírica de los últimos 20 años). Pero, ¿que más da? Ya se encuentran siempre economistas a sueldo para hacer una gráfica que justifique cualquier cosa. Se trata de quien tiene el poder de hacerlo. Los republicanos controlan la Cámara de Representantes, gracias a la ingenuidad de Obama. Y si Romney y Ryan llegan a la Casa Blanca, será el llorar y el crujir de dientes para la castigada sociedad estadounidense, con el apoyo de la mayoría de hombres blancos que son tan racistas como antigobierno por ideología. Lo mas espectacular es el proyecto de liquidación gradual de Medicare, el programa de salud pública de Estados Unidos destinado a los mayores. ¿Puede imaginarse una política mas descarnadamente antisocial que retirar la cobertura de sanidad a los desprotegidos en su jubilación? Era impensable hace un tiempo, pero en tiempos de crisis todo es posible. Incluso el que una crisis financiera generada por los financieros desemboque en salvar a las instituciones financieras y recompensar a sus ejecutivos en salarios e impuestos para, en cambio, penalizar a los mas necesitados quitando elementos esenciales de su protección social. 

Pero esto no es, como sabemos, sólo una cuestión de política estadounidense. La estrategia de Merkel y demás dirigentes europeos, con Rajoy jaleando para que salven al país, y a él de paso, no es diferente. Se trata de aprovechar el miedo de los ciudadanos para llegar al poder, hacer creer que hay que elegir entre austeridad y caos, y liquidar, con el apoyo de un empresariado de cortas miras, lo que era la clave de la sociedad europea: el Estado de bienestar

Es ahora o nunca. Hay que dejar de pagar a los parados porque en el fondo son jóvenes vagos sin respeto a la autoridad. A los pacientes porque consumen excesivos fármacos (y ¿cómo si no prosperarían las empresas farmacéuticas?). A los profesores que no se resignan a ser gestores de almacenamiento de niños en lugar de educadores. E incluso a estos funcionarios públicos exaltados como héroes de la sociedad, bomberos, policías y demás agentes de seguridad, malpagados, maltratados y obligados a veces a pegar a quienes con ellos se solidarizan.

Se argumenta que en tiempo de crisis no da para estos lujos. Olvidando que sólo se sale de la crisis con productividad y competitividad, lo cual requiere educación, investigación, servicios públicos eficientes. Las cuentas de la vieja de Rajoy no sirven para una economía moderna. El problema no es gastar más de lo que se ingresa sino gastarlo mal en lugar de invertirlo en recursos humanos y de emprendeduría que puedan acrecentar la economía real y generar más riqueza. Una estupidez recorre Europa: la idea de que el Estado del bienestar es excesivamente caro y además insostenible porque el envejecimiento de la población conlleva menos activos y muchos más dependientes y, además, más caros estos últimos porque no tienen la decencia de morirse cuanto toca. En el fondo se trata del triunfo de una mentalidad en que la vida es para producir y consumir y cuando ya no da más hay que eliminar el desecho o reducirles las prestaciones en consonancia con su irrelevancia. Pues, ¿saben qué? En términos estrictamente técnicos, no es así. El Estado de bienestar es la base de la productividad, además de la solidaridad social. En el libro que publique hace unos años con Pekka Himanen sobre el modelo finlandés mostramos cómo la productividad y competitividad de Finlandia, entre las más altas de Europa y superiores a la teutona, estaban basadas en la calidad del capital humano, de la educación, de las universidades, de la investigación. Y también de la salud publica (sin corpore sano no hay mens sana). De modo que hay un circulo virtuoso: el Estado del bienestar genera capital humano de calidad que genera productividad que permite financiar sobre bases no inflacionistas el Estado del bienestar. Si se desconectan, se hunden los dos. Porque el tan cacareado desfase entre activos y pasivos olvida que en esa ratio entre el numerador de pasivos y el denominador de activos lo importante no es el número en sí sino cuánta productividad generan los activos para pagar por el costo de sostener a los pasivos. Si además las prestaciones sociales se realizan con un Estado de bienestar dinámico y apoyado en tecnologías de información, se abaratan costos. De modo que es sostenible a condición de generar productividad en la economía y disminuir ineficiencia (que no empleo) en el Estado mediante una modernización organizativa y tecnológica del sector público.

Pero hay algo aún más importante. El Estado de bienestar no fue un regalo de gobiernos o empresas. Resultó en el periodo 1930-1970 (según países) de potentes luchas sociales que consiguieron renegociar las condiciones del reparto de la riqueza. Y como resultado se estableció una paz social que permitió centrarse en producir, consumir, vivir y convivir.

Hoy día se están cuestionando las bases de esta convivencia. Mal cálculo para sus promotores. Porque la destrucción deliberada del Estado de bienestar conducirá a la entronización de un Estado de malestar de siniestros perfiles. Pero esto no acaba así. Nuevos movimientos se están gestando, uniendo indignados y sindicatos. Y de ahí puede surgir un nuevo Estado y un nuevo bienestar.


* Manuel Castells Oliván es catedrático de Sociología y de Urbanismo en la Universidad de California en Berkeley (Estados Unidos de América).