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martes, 31 de julio de 2012

Tengo una mamandurria


Lorenzo Silva*

El Mundo

29/07/2012

Sí, yo también tengo una mamandurria. Exactamente 426 euros al mes. Gracias a ella, y al comedor de Cáritas y a la Cruz Roja, mi familia y yo tenemos ropa y comida, pagamos los recibos, recargamos los dos móviles prepago con los que nos apañamos los cuatro y nada más. Los ahorros que fui haciendo para cubrir mi vejez pagan por ahora la hipoteca y así al menos no nos tenemos que ver en la calle. Pero echo cuentas y unos días me sale que bastarán para amortizar todo el préstamo y otros días me sale que no. Dependerá de cómo vaya el Euribor.

Tengo cincuenta y tres años y soy o fui ingeniero, pero desde hace tres años, cuando la crisis fulminó a mi empresa y mi empresa me fulminó a mí, no encuentro trabajo. No es que no haya visto ninguna oferta, pero en todas prefieren a titulados recién salidos, que son los más adaptables a las condiciones, desde el salario basura hasta la jornada infinita, que el nuevo modelo de relaciones laborales lleva aparejado. En vano he intentado hacerles ver a mis potenciales empleadores que estoy dispuesto a pasar también por ese aro. Me ven las canas, me ven la tripa y acaso calculan que mi salud cardiovascular no es óptima para asumir semejante desafío. Que pase el siguiente.

También he visto que hay ofertas de empleo en el extranjero, pero ahí la juventud pesa todavía más. He pasado dos procesos en los que fui siempre batido por chavales más jóvenes. Entre otras cosas, como la ausencia de cargas familiares que los distraigan o los vayan a deprimir con la añoranza del terruño, aquí resulta definitiva la baza de los idiomas. Todos estos han pasado un año de Erasmus en Londres o en Edimburgo o en Manchester. A mí me dieron francés en el colegio y el bachillerato, y el inglés que chapurreo lo he ido aprendiendo a bocados por el camino. Con eso, no puedo medirme con ellos.

De modo que aquí sigo, y cada día las perspectivas son un poco peores. Con cinco millones ya muy largos de desempleados, toda la obra pública parada y la privada bajo mínimos, mi empleabilidad resulta igual a cero, pero he aquí que esta semana he aprendido que yo soy el problema. Yo, y mi mamandurria.

Que me perdone quien tenga que perdonarme, desde el Dios Todopoderoso que está en lo alto hasta el último de mis conciudadanos para los que represento una carga insufrible, pero no puedo evitar acordarme de lo que sé y he visto, cuando aún estaba en el mundo con un traje y una corbata y un maletín lleno de papeles.

Las comilonas pantagruélicas repletas de concejales y politicastros de diputación provincial que inexorablemente se contabilizaban como gasto deducible, disminuyendo la cuota a ingresar de la empresa. O los BMW o los Mercedes en renting o leasing, que disfrutaban los que dirigían el cotarro y cuyas cuotas también iban a mermar lo que al final del ejercicio se le abonaba al erario público (durante cuatro años, incluso tuve yo uno, aunque el mío era sólo un Citroën grande).

Una vez me contaron que en cierta empresa, un banco para más señas, se hacía lo mismo pero con el avión a disposición de la cúpula y con cosas aún más escandalosas. La gente se sorprendería, si supiera los impuestos que pagan quienes más dinero mueven. Cómo, año tras año, les llega a salir negativa la declaración.

Nada de eso son mamandurrias, claro. Eso se llama optimización fiscal. Como tampoco lo es que una diputada y ministra con nueve propiedades inmobiliarias, una de ellas en Madrid, reciba una indemnización por vivienda para que pueda alojarse dignamente en la capital. Mil ochocientos euros, o lo que es lo mismo, la limosna que yo recibo multiplicada por cuatro. Eso, insisto, no es una mamandurria. Eso es una indemnización.

Sí, vengan a por mí. Me lo tengo merecido


* Lorenzo Silva es escritor, especializado en novela policíaca.

** El presente relato tiene su origen en las polémicas declaraciones de Esperanza Aguirre, la neoliberal presidenta de la Comunidad de Madrid, en las que recomendó el fin de las mamandurrias para evitar la caída de España en el "corralito". 

*** Viñeta de Malagón, publicada en El Jueves.

domingo, 29 de julio de 2012

“La ‘modélica’ Transición nos dejó un bipartidismo corrupto encabezado por el monarca que designó el dictador”


Entrevista a Alfredo Grimaldos, periodista de investigación y autor de los libros Esperanza Aguirre. La lidereS.A. y Zaplana. El brazo incorrupto del PP.

Elvira de Miguel


25/07/2012

Elvira de Miguel. – El Gobierno valenciano, del que Eduardo Zaplana fue “molt honorable president” hace unos años, cifra hoy en 3.500 millones sus necesidades de liquidez. ¿Qué responsabilidades tienen en esta situación políticos como Zaplana o Camps, sus dos últimos presidentes antes de Fabra?

Alfredo Grimaldos. – Todas. A la política de derroche presupuestario característica de Eduardo Zaplana al frente de la Comunidad Valenciana, que trituró ingentes cantidades de dinero público en beneficio privado, se unió la relación de Zaplana, sin el menor recato, con los grandes magnates inmobiliarios de la Comunidad Valenciana, como Andrés Ballester, beneficiado por la política de recalificaciones de terrenos desarrollada por Zaplana en ese territorio. Cuando Zaplana llega a Madrid de ministro, sigue por el mismo carril: uno de sus más íntimos colegas es nada menos que Francisco Hernando, “El Pocero”. En las nuevas operaciones coincide también con José Bono. Bipartidismo recaudador. Lo de Camps y sus “amiguitos del alma” lo tenemos más reciente y está claro.

E. M. Dice usted en su libro Zaplana. El brazo incorrupto del PP que Zaplana representa a un sector de políticos que carecen de grandes planteamientos ideológicos de fondo, no se encuadran en ninguna corriente de pensamiento derechista tradicional por más que se definan una y otra vez como liberales, y su meta exclusivamente es el poder y el dinero. En su opinión, ¿abunda este tipo de político en España?

A. G. – Por supuesto. A un lado y a otro, suponiendo que sean diferentes orillas. En todos los partidos. Volviendo a Zaplana, no tiene consistencia intelectual ni cultural. Acabó la carrera de Derecho después de mil años, tras empezar sus estudios en Valencia. Consiguió por fin el título –aunque no se ha dedicado a ejercer la abogacía– cuando se inauguró una nueva universidad en Alicante, donde su suegro Miguel Barceló tenía enorme influencia. Pero eso también se da mucho en el PSOE: sólo hay que ver la trayectoria y la formación de personajes del supuesto otro bando, como Leire Pajín o José Blanco.

 E. M. – El periodista Javier Ortiz, en el prólogo que escribió para su libro sobre Zaplana, afirmaba ya en el año 2007 que la principal virtud que debe adornar a un buen estafador es parecer un hombre honrado. Y añadía: “¿Cómo va a ser un buen estafador alguien que tiene aspecto de estafador?”. Tanto Zaplana como Camps han sido grabados telefónicamente en conversaciones muy comprometidas. Usted reproduce en su libro Zaplana. El brazo incorrupto del PP la transcripción completa de la conversación entre Eduardo Zaplana y Salvador Palop extraída del sumario del caso Naseiro. ¿Por qué las instituciones públicas y muchos medios de comunicación han mirado durante todos estos años para otro lado a pesar de las obviedades sobre todo tipo de prácticas irregulares de los políticos? ¿Qué explicación encuentra a que muchos ciudadanos sigan votando a los partidos que les albergan?

A. G. Cuando iniciaba su carrera política, buscando salir del ámbito local de Benidorm, donde fue alcalde, Zaplana es “cazado”, de rebote, por el juez Manglano, que investigaba un asunto de drogas. En una de las conversaciones telefónicas que le grabaron entonces, Eduardo Zaplana se retrata perfectamente. Dice: “Me tengo que hacer rico… Tengo que ganar mucho dinero, me hace falta mucho dinero para vivir…”. Y en otra de las cintas, que recoge un diálogo entre él y otro miembro del PP, Salvador Palop, en el que están tratando sobre la recalificación de un solar, añade: “Y entonces le dices… bueno, yo una comisioncita. Le pides dos millones de pelas o tres. Lo que te dé, y me das a mí la mitad bajo mano”. La conclusión es que los ciudadanos más lúcidos de este país, los que piensan que el mundo de la política profesional es muy miserable y está llena de individuos que sólo pretenden enriquecerse con ella, tienen toda la razón del mundo. Este sistema está completamente podrido. Hay mucha mayor cercanía entre los políticos profesionales del PP y del PSOE que entre ellos y sus respectivos votantes. Un político no muerde nunca a otro. Vociferan mucho, pero siempre están de acuerdo en impedir la más mínima transparencia sobre su gestión. La podredumbre de unos se tapa con un dossier con la corruptelas de los otros. “Yo te saco Gürtel”. “Pues yo a ti los EREs”. Y al final todo se diluye. La Transición fue una gran mentira: no hubo ruptura democrática y se montó un tinglado que sirve para que los ciudadanos estén cada día más desinformados y no tengan la más mínima capacidad de decisión sobre cualquier problema. Y encima hay insensatos bienintencionados que están convencidos de que esto es una democracia.

E. M. – A usted y a la editorial Foca, donde publicó el libro sobre Zaplana, les han denunciado y llevado a dos juicios por contar estos hechos: uno por difamación y otro por calumnias. ¿Cuál ha sido el veredicto de la justicia? ¿Tiene pendientes otros juicios relacionados con su trabajo como periodista de investigación?

A. G. Volviendo al nivel intelectual y a la formación académica de Zaplana, en mi libro recordaba, de pasada y un poco en broma, que él hizo el bachillerato en un colegio de Benidorm llamado Lope de Vega. En opinión bastante generalizada entre la comunidad docente del País Valenciano, era un centro al que acudían los hijos de familias “bien” para que los jóvenes poco estudiosos se titularan a cambio del sustancioso pago de fin de mes, y popularmente era conocido como el “Lope de vagos”. Instigados por Zaplana, los responsables del centro me pusieron una querella y, para el acto de conciliación previo al inicio del procedimiento, pedían 600.000 euros y la retirada del libro de la circulación. Como ese día yo no tenía dinero suelto, no pude acudir a conciliarme. El caso es que de ellos ya nunca más se supo.

Zaplana, en persona, también interpuso una querella contra la editorial y contra mí, por injurias y calumnias, que perdió. Lo del periodismo de investigación está cada vez más complicado. Yo, que soy muy aficionado al flamenco, me acuerdo de una letra, con la que me identifico mucho, que cantaba José Menese por seguiriyas, en 1967, cuando aquí quedaba “bicho” para rato, en la que se refería a un hombre acosado por la Justicia. En ella, Pepe decía: “Golpesitos en la puerta, / ca vez que dan golpesitos en la puerta, papelitos que me entregan. / Si saben los jueces de toas mis fatigas, / doy por seguro que no me empapelan”. Ahora, el pleito que tengo vigente es una demanda de protección al derecho del honor que interpuso contra mí la familia Rosón, por las alusiones que yo hacía al primer presidente de la Xunta de Galicia, Antonio Rosón, en mi libro La sombra de Franco en la Transición. Él fue jefe militar de una zona de la provincia de Lugo en la que se produjeron numerosas matanzas de republicanos en el verano del 36. Ya he perdido los tres primeros asaltos judiciales, y el asunto está ahora en el Tribunal Constitucional. Todo es un disparate, porque en la sentencia no se entra a dilucidar si lo que cuento es cierto o no, sino que eso ya se juzgó hace más de treinta años y entonces se condenó a la revista Interviú por el asunto.

E. M Zaplana trabaja actualmente, al igual que Iñaki Urdangarín, para Telefónica cobrando aproximadamente un millón de euros anuales. Fue Javier de Paz, uno de los hombres de máxima confianza de José Luis Rodríguez Zapatero, quien le colocó. ¿Hablan más en la intimidad y son más amigos de lo que aparentan los políticos que en el hemiciclo aparecen como oposición?

A. G. Cuando Eduardo Zaplana era portavoz del Grupo Parlamentario del PP, su rival en las filas del PSOE era Alfredo Pérez Rubalcaba. En todas las sesiones montaban un sainete, aunque, como es constatable, ambos partidos hacen piña a la hora de aprobar o rechazar más del 90% de las mociones. Mientras los votantes de unos y otros se mataban a voces en los bares, Zaplana y Rubalcaba, íntimos amigos y los dos madridistas, iban juntos los domingos al palco del estadio Santiago Bernabéu a tomarse unas copitas disfrutando del fútbol y la amistad institucional. Y, por supuesto, compartiendo los secretos de las cloacas del Estado. Durante el mandato de Zapatero como presidente del Gobierno, Zaplana encuentra un privilegiado cargo en Telefónica, una empresa muy rentable que era pública, cuya privatización la inició el PSOE y la remató el PP; amparado nada menos que por Javier de Paz, consejero de la entidad y ex secretario de las Juventudes Socialistas. Al principio, Zaplana entra con el supuesto cargo de responsable de relaciones con Europa y, después, para evitar líos y críticas, se le nombra simplemente “asesor”. O sea, no hace absolutamente nada, más que tener despacho, numerosos privilegios y un millón de euros al año. ¡Viva la democracia! Después de irse de rositas de Terra Mïtica y los pagos por duplicado con dinero público a su amigo de asuntos inmobiliarios Julio Iglesias, entre otros trajines valencianos.

E. M Esperanza Aguirre nos advierte que si no queremos convertirnos en Argentina, con “corralito” y con inflación del 20 o el 40 por ciento, hay que rebajar el gasto público.Se tienen que acabar los subsidios y las subvenciones, y las mamandurrias en general”, declaró recientemente a los periodistas pidiendo “ayuda” a los ciudadanos. Usted cuenta en su libro Esperanza Aguirre. La LidereS.A. el saqueo al presupuesto público en busca del beneficio privado y los escándalos protagonizados, entre otros, por su mano derecha, Ignacio González, actual vicepresidente, portavoz y consejero de Cultura y Deporte de la Comunidad de Madrid, además de secretario general del PP de Madrid. ¿Ha tenido en esta ocasión algún problema por esta denuncia?

A. G. Esperanza Aguirre abordó este asunto de forma distinta que Zaplana. Se encontraba tan “sobrada” que sólo me mandó, indirectamente, algún mensaje irónico sobre el contenido del libro, sin meterse en líos de tribunales. La política del Ejecutivo Regional encabezado por Aguirre se ha caracterizado por intentar rescatar los sectores empresariales vinculados, sobre todo, al mundo del ladrillo, que ha consistido en poner en sus manos recursos públicos y convertir en una fuente de ingresos muchos derechos básicos de los ciudadanos. Aguirre ha llegado a la feliz conclusión de que todos los servicios públicos son susceptibles de ser convertidos en negocio particular. Por ejemplo, en el ámbito de la sanidad, desde que ella llegó a la Presidencia del Gobierno autonómico, el objetivo fundamental de su política está más relacionado con el beneficio de las empresas constructoras que con la salud de los ciudadanos. En cuanto a su “mano derecha”, Ignacio González ha ido liquidando a sus propios correligionarios que le han hecho sombra, como Alfredo Prada o Granados, para quedarse él sólo con el control de la recaudación. En mi libro, cito infinidad de asuntos en los que él aparece. Ahora, el diario “El Mundo”, le está breando con el asunto de un apartamento de lujo que tiene en Málaga. Por supuesto, la cosa apesta, pero el actual ministro del Interior ha cesado al propio comisario jefe que él había nombrado, por iniciar esa investigación sobre González.

E. M Describe en su libro a Aguirre como una aristocrática y pizpireta millonaria que actúa con aire arrabalero y maneja la Comunidad de Madrid con absoluto desparpajo para llevar a cabo un plan de destrucción de los servicios públicos básicos: sanidad, educación, privatización del Canal de Isabel II, Telemadrid. ¿Quiénes son los beneficiarios de esta gestión política?

A. G. – Como ya he dicho antes, detrás de la política de Aguirre hay un plan sistemático de destrucción de los servicios básicos y de saqueo del presupuesto público en busca del beneficio privado. Amigos, correligionarios y parientes de ella se benefician de su gestión. Ha conseguido que el AVE pare en una finca de su familia, ha construido carreteras y líneas de metro con la única intención de multiplicar los beneficios de las poderosas empresas constructoras que se mueven a su alrededor y ha convertido Telemadrid en un órgano de propaganda a su exclusivo servicio.         
 
E. M Como en una secuencia de la película de Coppola ‘El Padrino’ (“son sólo negocios, no hay nada personal”), cuenta también en un capítulo interesantísimo la batalla entre Gallardón y Esperanza Aguirre por el control de Cajamadrid. Parece que también se dieron de “navajazos” Zaplana y Camps por situar a sus huestes en la Caja de Ahorros del Mediterráneo. ¿Son capaces los políticos de pactar con quien sea, incluidos miembros de la oposición, en contra de gentes de sus propias filas, para lograr sus fines?

A. G. En un capítulo de mi libro “La LidereS.A.”, ya adelanto la existencia de toda la basura que está saliendo ahora en Cajamadrid-Bankia. Chupaban del bote, además de los grandes partidos, que se llevan lo gordo, CCOO, UGT y hasta un sector de Izquierda Unida, ésos a los que yo llamo los “trincarrublos”. Uno de ellos, José Antonio Moral Santín, llevaba un cerro de años de consejero en Cajamadrid, con el respaldo del jefe de Izquierda Unida en Madrid, Ángel Pérez. Estos individuos se metieron en el Partido Comunista de los Pueblos de España, una escisión del PCE a principios de los años 80, cuando la URSS repartía rublos a barullo. Mientras la mayor parte de los militantes del PCPE continuó trabajando en su seno, en el momento que el bloque del Este quebró, los “trincarrublos” se colocaron en IU. Pérez, un personaje sin ningún brillo, sobrevive políticamente gracias a que controla el aparato de la organización e impide cualquier limpieza regenerativa.

En cuanto a la CAM, sólo un detalle, que relato con más detenimiento en mi libro sobre Zaplana. El mismo día que él firmaba la hipoteca de un piso de lujo en el Paseo de la Castellana de Madrid con la Caja de Ahorros del Mediterráneo, esa misma entidad avalaba el proyecto inmobiliario en Seseña de su amigo El Pocero. El saqueo más descarado de las cajas de ahorro. El Estado entrampa a los ciudadanos para tapar el boquete de estas entidades esquilmadas y Zaplana se lleva un millón de euros de una empresa pública que era muy rentable y se privatizó para que otros se llevaran los beneficios.

E. M Por último, el actual Gobierno aplica por decreto ley a la ciudadanía todo tipo de recortes en sueldos, coberturas sociales y derechos. Nos dicen que no hay otra salida dada la situación de la economía española. Sin embargo, siguen sin exigir ninguna responsabilidad a quienes en estos últimos 10 años han manejado los fondos públicos para que se devuelva lo robado. Dice usted en el prólogo que, después de mover la podredumbre y tras el intercambio de cubos de basura en periodos electorales, todo vuelve al cauce pactado a través de los subterráneos consensos de la Transición. ¿Qué podemos hacer para cambiar esta situación y que no se vayan de rositas todos los que se han llevado dinero mientras ejercían una función pública?

A. G. Gran parte de lo que tenemos ahora encima, además de lo que nos corresponde por pertenecer al sistema bancario europeo y mundial, es producto de la gran estafa que fue la “sacrosanta” Transición, que sólo sirvió para adecuar el franquismo a los nuevos tiempos. Así que, además de la sumisión a las instituciones que representan el capitalismo más depredador, nosotros tenemos el plus de la herencia fascista, muy presente en esta sociedad. La “modélica” Transición nos dejó un bipartidismo corrupto encabezado por el monarca que designó el dictador. Los ciudadanos tienen que espabilar, ser conscientes de que la casta política y los banqueros forman parte de la misma banda de atracadores, y participar activamente en la vida saliendo a la calle y organizándose. La inmoral deuda pública contraída por el Estado español a consecuencia de banqueros y políticos delincuentes no hay que pagarla. Y todos los chorizos de cuello blanco al talego y que devuelvan la pasta.


* Imagen de Antonio de Benito.

jueves, 26 de julio de 2012

El rey león


David Torres*

Punto de Fisión

23/07/2012

Es una vergüenza que quieran castigar al rey de España por su afición a las escopetas y a eliminar animales de sobra. Está claro que nadie ama tanto a las bestezuelas del campo como un cazador. Lo explicaba en un número genial el difunto Graham Chapman de los Monty Python, ataviado con un salacot y uno de esos chalecos de safari que tanto les gustan a los borbones, a los corresponsales de guerra y a los pescadores de truchas: “Me encantan los animales, por eso los mato”.

El amor es así, posesivo y brutal, ciego y violento, lo demuestran diariamente tantos románticos maridos que majan a palos a su señora porque no saben ya cómo demostrar su cariño y tienen que recurrir al estilo torero. La verdad es que los directivos de Adena no han andado muy finos, siguen presos de una visión cursi de la naturaleza, rehenes infantiles de esas ñoñas películas de Disney donde los leones son amiguitos de los jabalíes y de los cervatillos y sólo comen en defensa propia. La naturaleza (la humana y la otra) es más bien neoliberal, consiste en comer y no ser comido, en comer hasta reventar, hasta que no quede una aceituna en el plato.

Al rey don Juan Carlos el gusto por exterminar criaturas indefensas debe venirle de familia, sí, pero también por herencia política; probablemente se aficionó a la caza en una de esas monterías del Pardo a las que le convidó su antecesor en el cargo. Franco era prácticamente vegetariano pero lo compensaba masacrando a todo bicho viviente: jabalíes, atunes, conejos, perdices, codornices, poetas, intelectuales, detractores del Régimen, opositores a notarías y españoles en general. Es un error común pensar que los herbívoros son más apacibles que los devoradores de carne: no hay más que ver la mala leche que gasta un hipopótamo, un toro de lidia o el propio Generalísimo. Apodo que, por cierto, nunca entendí, a no ser que el sufijo funcionase como un taburete para subirse encima y parecer más alto.

Ya que tenemos que soportar el costoso anacronismo de la monarquía hereditaria, será mejor soportarlo con todos sus adornos fósiles, es decir, el palacio, el yate, la familia y uno más, la mira telescópica y la muy hispánica tradición de andar a tiros por los montes de España. Al rey borbón, al vértice supremo de la pirámide biológica, en cuanto sale de viaje y el protocolo le deja un momento libre, agarra la escopeta y lo mismo mata un elefante cojo que un oso borracho. Es la única manera de hacerse respetar en un mundo decadente sin valores ni jerarquías, una selva impregnada de democracia donde algunos ilusos quieren que el león ramonee al lado de los conejos.

http://blogs.publico.es/davidtorres/2012/07/23/102/

* David Torres es novelista, columnista y guionista televisivo.

** Dibujo de pacogarabato.

lunes, 23 de julio de 2012

Es imprescindible un proceso constituyente


José Manuel Lechado

Web UCR

19/07/2012

La Constitución española vigente, votada en referéndum en diciembre de 1978, se ha ido convirtiendo en la guinda del pastel de un cuerpo normativo obsoleto. En tanto que refundición maquillada o más bien reconversión de las Leyes Fundamentales de la dictadura franquista, esta norma suprema del ordenamiento legal español, si bien continúa siendo útil a la clase dominante, ha dejado de servir al pueblo, ya que no garantiza sus derechos ni sus libertades ni asegura la soberanía nacional.

La Constitución de 1978 es en la actualidad un obstáculo para la democracia. Con un articulado vetusto, fuera de época y gestionado por una clase política corrupta e incompetente y una judicatura mayoritariamente conservadora cuando no fascistoide, la única reforma sensata que admite esta mal llamada Carta Magna, si de verdad se desea un cambio y un futuro para España, es su completa derogación.

Por eso la reivindicación primera de cualquier movimiento ciudadano no debería centrarse en reformas parciales o cambios concretos del articulado, sino exigir el arranque de un nuevo proceso constituyente. Proceso que no ha de quedar, como el de 1978, en manos de la oligarquía más inculta de Europa, su clase política sometida y sus obedientes jueces, sino que habrá de ser iniciado, impulsado, dirigido y ejecutado por la ciudadanía. El debate de este proceso constituyente debería ser abierto y flexible y no quedar, en ningún momento, en manos de «profesionales».

Como orientación general, el nuevo ordenamiento español debería considerar las siguientes propuestas, mínimas, pero imprescindibles.

-Forma del Estado republicana por cuestiones tanto éticas como estéticas. En el mundo actual es intolerable que se privilegie a una familia con la máxima magistratura del Estado sólo por cuestiones genéticas.

-Separación de poderes real y efectiva, no como en la actualidad. En este sentido los tres poderes deberían ser elegidos directamente por el pueblo y de forma independiente cada uno. Medidas imprescindibles en este sentido serían la supresión del Ministerio de Justicia y la creación de un órgano de gobierno judicial elegido por el pueblo.

-Instauración de un sistema plebiscitario en virtud del cual las grandes decisiones tengan que ser siempre refrendadas por el pueblo.

-Limitación legal del carácter «representativo» de los cargos electos, para evitar la justificación de cualquier acto de gobierno por el mero hecho de contar con cierto respaldo en forma de votos.

-Supresión del Senado e instauración de un legislativo monocameral.

-Supresión del tribunal de excepción conocido como Audiencia Nacional.

-Nueva redacción de los códigos legales y sus reglamentos, buscando la simplicidad y la comprensión, así como evitar las contradicciones y las trampas de ley.

-Creación de una ley de responsabilidad política y financiera para los cargos electos en el ejercicio de sus funciones. En particular, los programas electorales deberían tener valor contractual y su vulneración ser considerada delito. Si no puedes cumplir las promesas, dimite y convoca nuevas elecciones.

-Nuevo reglamento electoral que suprima las diferencias del valor del voto por regiones. Cambio del sistema D´Hondt por otro procedimiento de reparto más justo y equitativo.

-Nueva ley de partidos. Supresión de las subvenciones por voto recibido y por escaño. Eliminación de las limitaciones legales para participar en los comicios. Severo control de la financiación de los partidos. Los objetivos principales son la supresión del bipartidismo, de la corrupción y del clientelismo.

-Reforma del sistema penitenciario para que cumpla una función reintegradora, no vengativa.

-Nueva legislación impositiva que aumente la presión fiscal sobre los más ricos y dé lugar a una distribución equitativa de la renta.

-Lucha decidida contra el fraude fiscal y la evasión de capitales. Supresión de las sicav y otras argucias que permiten a las grandes fortunas evitar sus responsabilidades fiscales y la participación en el fondo común.

-Lucha decidida contra la corrupción y el despilfarro en la administración pública.

-Supresión del acceso a puestos públicos por libre designación y por concurso-oposición.

-Limitación intensa del número de cargos públicos electos. La administración podría funcionar de hecho sin apenas cargos electos, por lo que sería interesante reducir su presencia (y el peso que suponen para las arcas públicas) al mínimo imprescindible.

-Reorganización de los recursos públicos para asegurar su máxima eficacia y quitar facilidades para la corrupción y el despilfarro.

-Reorganización del cuerpo de funcionarios del Estado para distribuir y aprovechar con la máxima eficiencia el trabajo de las personas.

-Revisión del Estado de las Autonomías. Referéndum para elegir entre una organización federal de verdad u otro sistema. Abolición de la doctrina del “café para todos”: implantación de gobiernos autónomos sólo donde la población lo desee realmente (que es lo que se planteó tras la muerte de Franco y fue rechazado de plano por los españolistas acérrimos).

-Supresión de las leyes de privilegio. Por ejemplo, los tratamientos de respeto para ciertos cargos, las exenciones de impuestos a ciertos colectivos, las prebendas y la impunidad de ciertos cargos electos, el delito de atentado a la autoridad o la propia existencia de una familia real.

-Reforma a gran escala de la policía y el ejército. La fuerza armada, tanto policial como militar, debe estar al servicio del ciudadano y no actuar como pretorianos a las órdenes de los ricos y sus políticos a sueldo. En este sentido sería interesante que las funciones policiales dejaran de depender del Ministerio del Interior y fueran asumidas por los ayuntamientos (seguridad ciudadana, tráfico, proximidad, etc.) y el poder judicial (investigación criminal, etc.). El ejército, a su vez, debería contar con una mayor integración en la sociedad, no vivir aislado en sus cuarteles, e integrar a toda la población en la defensa nacional. Las unidades dedicadas al control social, como la UIP (antidisturbios), o las decorativas (caballería, guardia real, etc.) deberían ser disueltas.

-Revisión en profundidad de la relación de España con la Unión Europea. Establecimiento de una política que permita la recuperación de la soberanía nacional. Esto debería incluir un riguroso análisis sobre la conveniencia o no de mantener en España la moneda internacional denominada euro.

-Revisión en profundidad de la deuda pública, dividiéndola en legítima e ilegítima y anulando el pago de esta última. En particular el nuevo Estado Español debería incluir en su carta constitucional una mención expresa contra las políticas criminales del Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial y los dudosos dictámenes de las agencias de calificación financiera.

-Estricto control público de la actividad financiera, bursátil y bancaria. Imposición de normas y regulaciones que impidan la especulación, la creación de burbujas, las estafas y la proliferación de productos y derivados de carácter dudoso o poco ético.

En fin, sólo algunas sugerencias para solucionar los gravísimos problemas creados por la avaricia de los ricos y la incompetencia y mediocridad de los políticos profesionales que les sirven.

Sin embargo, salir de la eterna crisis requiere algo más: una acción decidida sobre el gran pilar carcomido de la sociedad, que no es otro que la pasividad cómplice del pueblo. Si siempre miramos hacia otro lado dejando pasar las cosas y sólo nos movilizamos cuando nos tocan el bolsillo, no vamos a ninguna parte. Tampoco si, al llegar las elecciones, un gran número de ciudadanos irresponsables, interesados o mal informados siguen apostando por los dos partidos dinásticos: PP y PSOE.

La democracia no es fácil, como no lo es la justicia. La democracia requiere esfuerzo y dedicación, además de vigilancia. La pereza sólo proporciona esa tranquilidad que otorgan al esclavo sus cadenas y su ignorancia.


* Ilustración de Diego Mena.

martes, 17 de julio de 2012

Crisis y transición


Juan Andrade Blanco*

Público

16/07/2012

Las alusiones a la Transición se han convertido en moneda corriente en los últimos meses de agudización de la crisis que atravesamos, una crisis que más allá de su eminente dimensión económica cabría calificar de civilizatoria. Las alusiones al proceso que en la segunda década de los setenta condujo de la dictadura de Franco al sistema constitucional hoy vigente han cobrado la forma habitual de invocación a lo que se supone fue el talante que allanó el camino de tan arduo trayecto: el consabido “espíritu del consenso”.

Así, no son pocos quienes desde las atalayas mediáticas apelan “a un gran pacto de Estado” como panacea para salir de la crisis y para cuya cimentación habría que resucitar el citado espíritu de aquellos maravillosos años. Lo que llama la atención es que de entre quienes no se suman a este clamor no haya apenas quienes digan lo contrario, que quizá haya sido el consenso fáctico de las últimas décadas entre las élites políticas y mediáticas de este país el que, más allá de la teatralización histriónica de diferencias vanas o de ciertas discrepancias puntuales en torno a algunos valores cívicos, nos haya arrastrado a la catástrofe que vivimos. Semejante unanimidad se ha puesto de manifiesto en el culto a los dogmas neoliberales que precisamente se consagraron en aquellos años en los que por aquí andábamos transitando, elevados más tarde por unos y por otros a la categoría de ciencia o de sentido común; hasta que hoy, vistos sus efectos, quepa encuadrarlos más fácilmente entre las coordenadas de la cerrazón ideológica y los intereses espurios.

La imagen más cándida de esta sintonía ha sido ver a los supuestos antagonistas políticos flotando conjuntamente en el ensueño de la burbuja inmobiliaria y financiera y jactándose al unísono, o cada uno de ellos en el momento de su respectivo turno de gobierno, de los datos del crecimiento económico que descansaba sobre una base tan volátil. La sintonía también ha sido frecuente a la hora de aprobar las privatizaciones o desregulaciones que hoy en día hacen difícil embridar a la bestia desbocada de los mercados o en el respaldo sin fisuras a los acuerdos o tratados que, de Maastrich a Lisboa, han conducido a esta Unión Europea desvertebrada y postrada a los poderes fácticos que hoy se pretende enmendar. La escena más elocuente de esta unanimidad se produjo hace un año cuando los partidos mayoritarios y sus socios habituales aprobaron una reforma de calado que limitaba constitucionalmente el déficit público y facilitaba con ello la senda de los actuales recortes. Curioso fue ver cómo de la noche a la mañana se reformaba sin reparos la Carta Magna de 1978, el texto canónico e inviolable de aquellos años ejemplares cuya suficiencia no había dejado de afirmarse con extraordinaria beligerancia cada vez que alguien sugería sus límites o la caducidad de alguno de sus aspectos.

Quienes ahora reclaman el espíritu de la Transición lo hacen invocando una imagen idílica: la de unos dirigentes políticos con altura de miras que estuvieron dispuestos a dejar a un lado las desavenencias del pasado y sus discrepancias partidarias a fin de favorecer el bien común. Pero la realidad fue mucho más pedestre y nada tuvo que ver con lo que Habermas, el gran teórico del consenso, llamaría “una situación ideal de habla”, aquella en la que todos los sujetos en discusión gozarían de idénticos recursos y primaría la voluntad de entendimiento del contrario. En primer lugar, conviene recordar que no todas las fuerzas políticas cedieron por igual, sino que, como es lógico, cada una lo hizo en función de su posición de poder. Lo que no suele decirse es que esta posición de poder dependió en buena medida de cómo había salido cada una de ellas de la dictadura: si de los cómodos despachos de Estado franquista o de sus sórdidos calabozos. Las alusiones a los resultados electorales de las primeras legislativas de 1977 como fuente de legitimación de esa posición de poder no pueden ocultar que todo el proceso estuvo condicionado por su arranque, que éste no entrañó una ruptura democrática con la dictadura y que ello hizo que la dictadura estuviera muy presente durante todo su proceso de reemplazo. Lo que resulta innegable es que el chantaje golpista cotidiano de una parte importante del ejército y de sus bases civiles forzó la cohesión entre las fuerzas políticas y que este chantaje fue rentabilizado por algunas de ellas en las negociaciones para amenazar a las contrarias con las calamidades que se desatarían si no cedían en sus aspiraciones programáticas. También hubo, todo hay que decirlo, quien en algún momento cedió gratamente por la satisfacción de pasar de paria en el exilio a ser reconocido públicamente como hombre de Estado. En cualquier caso, quienes añoran los acuerdos de aquellos años parecen ignorar (espero que no añorar) el miedo que los indujo. A quienes hoy trazan un paralelismo entre la gravedad de las circunstancias de entonces y las de ahora para justificar un consenso se les podría escapar sin quererlo otro paralelismo entre el ruido de sables de entonces y los ecos de la Espada de Damocles de la famosa “Troika” en la actualidad, lo cual nos llevaría a reflexionar sobre cuánto hemos avanzado en estas décadas en términos de soberanía y democracia.

La Transición ha operado como el mito fundacional de nuestro actual sistema político, por eso llama la atención que se la invoque con tanta frecuencia cuando las bases socioeconómicas de este sistema están en descomposición y cuando su aparato institucional, desde el poder judicial a la Jefatura del Estado, permite escándalos de tal envergadura que hasta traspasan el denso blindaje mediático con que se los ha protegido. Los maestros de la historia nos han enseñado que los relatos sobre el pasado funcionan con frecuencia como una celebración encubierta del presente y que desde ese presente celebrado se presentan como regresivas o quiméricas todas las alternativas que se opusieron a su desarrollo. Ese ha sido el caso de muchas narraciones sobre la Transición, orientadas a decirnos lo felices que debíamos sentirnos por vivir en una monarquía parlamentaria y en una Europa capitalista, y esa ha sido la actitud hacia las opciones políticas que apostaron por caminos alternativos, desprestigiadas desde un paternalismo condescendiente o una supuesta superioridad intelectual que cuesta trabajo reconocer como tal. Por eso a medida que el presente se vuelve más amargo vienen haciendo aguas esos relatos tan empalagosos de la Transición. Por eso aquellas opciones alternativas desprenden cada vez más racionalidad cuando se comparan con el cataclismo al que nos ha conducido el centrismo y la moderación, eufemismos del fanatismo constitucional y el radicalismo de mercado.

Pero también frente a esas visiones hagiográficas de la Transición ha proliferado una contrafigura crítica a veces sesgada que sitúa la fuente de todos los males actuales en aquel pecado original y presenta el proceso de Transición como un mero cabildeo entre élites políticas presionadas sólo por arriba. Esta visión absuelve de toda responsabilidad al PSOE y al PP de sus 30 años de gobierno y obvia la dinámica de la globalización neoliberal que ha hecho de la crisis una crisis mundial y sistémica en la que el poder financiero ha venido confiscando la soberanía de las pocas instituciones susceptibles de control democrático existentes a nivel nacional, sin construirse otras europeas o internacionales donde pudiera ejercerse ese control. Pero lo peor de esta visión es que desprecia la influencia determinante ejercida contra la dictadura por los movimientos sociales y sus idearios políticos, que, con su presión desde abajo, fueron el verdadero motor del cambio democrático. Creo que es ahí, en el excedente utópico que todavía rezuman, en el que cobra sentido invocar la ejemplaridad de los años de la Transición para reconstruir hoy las bases de la democracia y la justicia social desde proyectos de emancipación que habrá que actualizar, y para hacerlo, sobre todo, sin miedo.


* El autor es doctor en Historia Contemporánea y profesor en la Universidad de Extremadura. Recientemente ha publicado "El PCE y el PSOE en [la] transición. La evolución ideológica de la izquierda durante el proceso de cambio político" (Siglo XXI, 2012).

** "La Democracia", fotografía tomada por el maestro Alberto Schommer en 1987, en la cual posan, de izquierda a derecha, Ana Tutor, Luis Roldán, Fernando Savater, Mario Conde, Cristina Alberdi, Claudio Aranzadi y Joaquín Almunia, todos ellos personajes públicos de la época, símbolos del entonces flamante régimen de la Transición. Las posteriores trayectorias de varios de ellos, marcadas unas por la corrupción y la cárcel, y otras por la mudanza ideológica y el chaqueterismo político, ilustran a la perfección las miserias del sistema que les dio fama y poder.

domingo, 15 de julio de 2012

El escudo humano


Iñigo Sáenz de Ugarte 


14/07/2012

Definitivamente, la Casa Real ha olvidado que sólo una exquisita neutralidad política puede garantizar a largo plazo la supervivencia de la monarquía en Europa occidental. Lo que ya se intuía en algunos discursos ha quedado ahora plasmado en una imagen, bien aprovechada por La Razón. No vale con decir que en el Consejo de Ministros presidido por el rey no se tomaron medidas concretas. Podía haberse celebrado otro día, pero Rajoy decidió que fuera el mismo viernes en que anunció un dramático recorte del nivel de vida de los españoles.

Utilizar al rey de escudo humano para las imágenes de televisión y algunas portadas como esta puede ser de alguna utilidad para el Gobierno, pero no para la monarquía.

Las tendencias apuntadas en esta encuesta, hecha antes de la polémica de Botsuana, se acentuarán en el futuro. Resulta complicado sostener que representas a todos los españoles y tomar partido por el Gobierno en esta coyuntura económica.


viernes, 13 de julio de 2012

Una síntesis de un país en descomposición


Editorial


12/07/2012

El 11 de julio de 2012 pasará a la historia como una síntesis insuperable de la situación de un país en clara descomposición económica y social, y también en claro hundimiento político y moral. Todo cuanto merece resaltarse de los rasgos de un periodo excepcional ocurrió y se expresó en la misma jornada.

La noche anterior y en la madrugada,  el pueblo de Madrid dio una bienvenida impresionante a la marcha de los mineros, revelando el valor y la capacidad de lucha ejemplar, como no, “de los que extraen el carbón”, y, al mismo tiempo, la solidaridad inmensa que el pueblo trabajador, sin distingos, puede prestarse. Los que llegaban y los que recibían, toda la pluralidad de la ciudadanía, se hermanaron en un afán colectivo por ponerle remedio a tantos desastres como vivimos y se anuncian. La manifestación por la Castellana de Madrid, multitudinaria, resolvió la duda simplista de si existe clase obrera.

Mientras la izquierda ocupaba la calle, Rajoy anunciaba en el parlamento un conjunto de recortes y ajustes brutales, con el entusiasmo de los suyos, que agravarán la crisis, el paro, las desigualdades, la miseria y la angustia con la que viven ya millones de trabajadores, a los que se cierra toda rendija a la esperanza.La inseguridad instalada, incluida la jurídica, como forma de vida, cuando, además, la inutilidad de una rigurosa política de austeridad para remontar la crisis está ampliamente demostrada en nuestro país y en otros que fueron “rescatados” hace un tiempo ya.

Tal política, aparte de que representa una burla a los ciudadanos y un desprecio absoluto a los compromisos electorales del PP, viene impuesta por los poderes económicos europeos tras haberse sometido el gobierno a una  pura intervención exterior, quedando en papel mojado todo vestigio de la soberanía popular. Nuestro país es ya una colonia europea, y quizás por eso, por lo de europea, la dirección del PSOE la acepta y se muestra cobarde y resignadamente dispuesto a prestarle respaldo al Gobierno y a pactar con la derecha. Los dos partidos,  apasionados valedores  del euro, comparten en el fondo la política suicida  que exige su defensa.

Y la izquierda instalada en un drama. Testigo inquieto de cuanto sucede, opuesta,  por supuesto, a tanta ignominia, a tanto abuso, a tanta crueldad, no alcanza a ofrecer una alternativa  que agrupe a sus fuerzas y represente un proyecto social que conquistar. Atada subordinadamente a la defensa de la unidad monetaria, se mueve patéticamente entre el respaldo al euro y el rechazo a sus consecuencias. Los sindicatos son parte del drama y nada mejor lo expone que los discursos de los secretarios generales de CCOO y UGT en la tribuna levantada ante el ministerio de Industria para cerrar la manifestación histórica de los mineros. Mientras ellos repetían sus mítines vacíos, sin propuestas, los asistentes se retiraban en avalancha y el desconcierto fue manifiesto en la expresión de los agotados mineros.

Estaban allí para luchar, acompañados de otros miles de trabajadores de sus comarcas, de Madrid y de todo el país, y se les enviaba a casa sin haber logrado nada, con la promesa, eso sí, de seguir luchando. Un colofón a una larga marcha decepcionante, a pesar de la inmensa emoción que recorrió a todos los participantes. Entre tanto, la policía cargaba e irrumpía en la concentración con sus disuasivos métodos.

Un país, pues, cayendo por el precipicio, sin soberanía política, con la democracia arruinada, intervenido económicamente, con la presión social elevándose amenazadoramente y la represión cobrando carta de naturaleza. Con una derecha desvergonzada y canalla dispuesta a sacar ventaja de la crisis y el sufrimiento de millones de ciudadanos, los cuales, dispuestos a luchar y rebelarse, no encuentran todavía la necesaria unidad y confluencia,  ni se les ha sabido ofrecer todavía por la izquierda un proyecto para lograrlo y empezar la regeneración del país en todos los ordenes, que pasa, eso parece ya evidente, por reformular los vínculos con la Europa de Maastricht e impulsar un proceso constituyente.

http://www.cronicapopular.es/2012/07/una-sintesis-de-un-pais-en-descomposicion/

* Os recordamos que, desde principios del presente año 2012, varios miembros de la Junta Directiva de UCAR-Granada han suscrito participaciones de la sociedad editora del periódico Crónica Popular, convencidos de la imperiosa necesidad de contar con un referente republicano de profesionalidad y solvencia acreditadas en los medios de comunicación de masas. Os animamos a que participéis en tan interesante proyecto, ya que sólo con la colaboración de toda la ciudadanía activa, podremos disfrutar de una información de calidad al servicio de los intereses del español de a pie.

lunes, 9 de julio de 2012

Vuelven los sesenta, pero del XIX


Isaac Rosa


28/06/2012

No insistan en darle ese toque vintage a todas sus fotos, olvídense de esos retratos que parecen arrancados del álbum de novios de nuestros padres, con colorido setentero y marco tipo Polaroid: Instagram ya pasó a la historia, ya no se lleva. La próxima sensación para fotos con el móvil es una aplicación que pienso comercializar de inmediato: Daguerromatic, con filtros para dar a tus imágenes un aire no ya vintage sino de anticuario; que en vez de salidas del álbum familiar parezcan encontradas en el desván de los abuelos. Como auténticos daguerrotipos del XIX.

Daguerromatic es mucho más acorde a los nuevos viejos tiempos que estamos viviendo, que imponen otro tipo de revivals. Está comprobado que todos los años toca volver a los sesenta; no hay año en que la industria publicitaria, los diseñadores o la crítica musical perdonen el recurrente y comercial “Vuelven los sesenta” (pues desde los sesenta no hemos hecho otra cosa que volver una y otra vez a aquella inagotable edad de oro). Pero esta temporada el lema debería ser otro: “Vuelven los sesenta, pero del XIX”.

Con esta fabulosa aplicación fotográfica lucirán mucho mejor las estampas populares de esta España en crisis, a la que sientan estupendamente el tono grisáceo o sepia de los viejos daguerrotipos y la expresión asustada de los primeros retratados (obligados a permanecer inmóviles durante largos tiempos de exposición). Esas filas de parados ante la oficina de empleo, esas cola de ciudadanos en los comedores sociales, esas familias desahuciadas de sus casas con lo puesto, no me dirán que no pasarían por originales del XIX si las retratásemos con Daguerromatic.

Ya lo advirtieron los sindicatos y los economistas heterodoxos tras la última reforma laboral: hemos vuelto al siglo XIX, hemos retrocedido más de un siglo en derechos sociales, entregando todo el poder al patrón, dejando en sus manos la modificación de las condiciones laborales y desactivando la fuerza colectiva al devaluar los convenios. Si a ello le sumamos el creciente ejército de reserva formado ya por cerca de seis millones de parados, que consigue ese efecto tan XIX de abaratar la mano de obra y obligar a los trabajadores a aceptar lo que les echen, el viaje al pasado es total.

Incluyan en ese álbum de tonos sepia a los mineros asturianos, que en esta sociedad que se dice hipertecnologizada parecen escapados de una novela de Zola, y a los que quieren condenar al museo como una reliquia. No dejen fuera a ese rey cazando elefantes y viajando por el mundo con su amiga, en la mejor tradición de sus antepasados coronados. Retraten también a ese juez de misa diaria dándose la gran vida en hoteles y restaurantes de lujo; e incluso a los dos grandes partidos turnistas guisándose y comiéndose ellos solos la reforma de la Constitución o los recortes y reformas a espaldas de los ciudadanos.

Si además sacamos unas fotos de cualquiera de esos “Compro oro” que extienden la usura por los barrios, ya tenemos una España de daguerrotipo a poco que le quitemos el color, la desenfoquemos un poco y le demos textura de papel viejo.

Eso que llaman crisis ha puesto en marcha el reloj de la historia, pero hacia atrás, y ahí vamos, desbocados hacia el XIX. Subidos a la máquina del tiempo ya hemos cruzado de vuelta los neoliberales años noventa y ochenta, hemos saltado sobre los contraculturales setenta y los felices sesenta, nos hemos cepillado sin miramientos el contrato social europeo de la posguerra que resultó en el Estado de Bienestar, hemos pasado de puntillas sobre las guerras para no despertar a la bestia, nos hemos asomado a la crisis del 29 a la que en algún momento creímos parecernos, y ya tenemos a la vista el XIX, en todo su esplendor de miseria, explotación y democracia más formal que real. Y esperen que nos detengamos allí, no sea que sigamos retrocediendo y en vez de daguerrotipos tengamos que recurrir al Photoshop para darle un efecto óleo a la realidad, así como de pinturas negras de Goya.

La revolución de 1868

El reloj social está atrasando a lo loco y deberíamos ser conscientes de lo que va a costar darle cuerda y ponerlo en hora otra vez. Si dejamos que atrase décadas, puede costarnos el mismo tiempo volver a ponerlo en fecha.

Por cierto: si de verdad vuelven los sesenta, pero del XIX, hay que recordar que en aquella década España vivió una de las peores crisis financieras de su historia, causada por la burbuja del ferrocarril (que era el ladrillo de entonces), que provocó la quiebra de la mitad de los bancos, endeudó al Estado, y supuso el tiro de gracia para un régimen político moribundo que fue barrido por la revolución de 1868. ¿Paralelismos históricos? Si se empeñan en que volvamos al XIX, que sea con todas las consecuencias.


* Fotografía de Asís G. Ayerbe (revista Qué Leer, enero de 2012).

viernes, 6 de julio de 2012

Un año de lucha por las Palomas


Lorena Moreno


05/07/2012

Mayor Zaragoza recordaba en el programa de Jordi Évole la historia de Rosa Parks, una costurera que fue a la cárcel por plantar cara a la segregación racial en EEUU negándose a ceder su asiento a un blanco en el autobús. Hablaba de esta luchadora, que contribuiría con su gesto a hacer realidad el “ayer tuve un sueño…” de Martin Luther King, para animar a la sociedad a emularla rebelándose ante lo que considera injusto. “Si somos millones los que damos un paso, daremos un gran salto. Si no seguiremos en las manos de unos cuantos”, defendía, reflexionando sobre la crisis y los recortes.

Convencidos también de la necesidad de plantar cara a lo que consideran injusto, los vecinos del Zaidín decidieron levantarse en julio de 2011 contra el cierre de una biblioteca, la de las Palomas. Su lucha por recuperar los libros para la zona más humilde del barrio sigue viva un año después y ha sentado un precedente sin parangón en el país en defensa de las bibliotecas públicas.

Para conmemorar el primer aniversario de las protestas por la apertura de las Palomas, la plataforma ‘No al cierre’ celebra el próximo sábado, 7 de julio, una fiesta reivindicativa en la que volverán a llevar la cultura a la calle para subrayar que “no solo de pan vive el hombre”.

La jornada arrancará a las ocho de la tarde con la inauguración de la Barraca de Las Palomas que “emulará a la de Lorca, acercando la cultura al pueblo”, en este caso con los miles de libros que ha donado gente de toda España durante este año, detalla la plataforma.

La apertura de esta biblioteca ambulante dará paso a un recital en homenaje a Javier Egea, que fue vecino del Zaidín. Javier Benítez y Ramón Repiso recitarán poesías del propio Egea y Andrés Neuman recordará para la ocasión un soneto que le dedicó hace unos años. El escritor interpretará, además, junto al cantautor Juan Trova poesía musicada.

El público disfrutará, asimismo, de la actuación del cantautor Luis Lucena, seguida de la del escritor y artista Miguel Ángel Moleón Viana. Su sorprendente canción protesta abrirá el apartado más eléctrico de la noche con el grupo de versiones roqueras Winimoni y el de punk gitano De Nargas. Una sesión Dj reivindicativa con Xavi y Bambino escribirá el punto y final de la fiesta, en la que se recordará la historia de este año de lucha con las ilustraciones cedidas por el dibujante Joaquín López Cruces y la interpretación de la actriz Patricia Rodríguez Rosario y el trovador Javier Tárraga.

Ambos repasarán un año de reivindicaciones que arrancó el verano pasado, después de que se diera a conocer que el gobierno local cerraría las Palomas en octubre, pese a su compromiso expreso de mantener este espacio cuando se inaugurara la biblioteca Francisco Ayala. El rumor se transformó en triste y sentida certeza antes de lo previsto, el 8 de agosto.

Aunque los motivos que se esgrimieron para justificar el cierre cambiaron en poco tiempo –inicialmente el grupo municipal de bailes regionales necesitaba este espacio y, posteriormente, Beiro necesitaba los libros del Zaidín por carecer de biblioteca- los vecinos han defendido siempre que la Cultura no es cuestión de restas, sino de sumas.

Con este propósito se organizaron en la asamblea del 15M del Zaidín, de donde surgió la plataforma No al cierre de la biblioteca de las Palomas. Un año después los héroes anónimos que integran este colectivo siguen luchando por los libros como garantes de la libertad, por la cultura para combatir el ostracismo y despotismo que sufre el ciudadano y por la educación para conseguir un futuro y mundo mejores. Aunque sus protestas no han estado exentas de lágrimas compartidas, siguen regalando su humor cargado de crítica, desoyendo el “no servirá de nada” porque, como ellos mismos repiten, “lo imposible solo tarda un poco más”.


miércoles, 4 de julio de 2012

El fin de la era de la Transición


Ignacio Escolar


28/06/2012

Una hipótesis provocadora, tal vez equivocada: los actuales años de crisis –los que llevamos y los que están por venir– van a transformar la estructura social, cultural, económica, mediática y política de España del mismo modo en que lo hizo la Transición. Al igual que el lustro entre 1975 y 1980 marcó la evolución del país durante casi tres décadas, el periodo de la crisis (2008, ¿2013?) va a sentar los cimientos sobre los que se construirá la España de los próximos años. No sabemos si el cambio será a mejor. No está claro tampoco qué sobrevivirá del modelo anterior. Lo que sí es evidente es que todo está en juego: los partidos, la monarquía, el Estado autonómico, la justicia, los sindicatos, la prensa e incluso la propia moneda en la que pagaremos los platos rotos que estos años nos van a dejar.

Una maldición china: ojalá vivas tiempos interesantes. En ello estamos ya. Los años de la crisis van a ser lo más parecido a una guerra que padecerá nuestra generación, tanto por su abrasiva destrucción como por la previsible reconstrucción que en algún momento llegará.

Este periodo marcará un antes y un después porque se juntan varios factores que empujan a una gran transformación: una revolución más que una simple reforma. No solo es una crisis que destroza el modelo económico –el de la burbuja inmobiliaria– sobre el que se levantó el cuestionable milagro español. No solo es el naufragio del euro, un edificio en ruinas que no sabemos si colapsará. No es simplemente una reestructuración del papel del Estado en la economía, ese anoréxico al que se quiere hacer adelgazar. También es una revolución tecnológica, una nueva moral, una guerra generacional y un cambio en la distribución de la riqueza con ricos más ricos, pobres más pobres y una devaluada clase media que vivió de ese crédito barato que ya no existe y que ahora descubre cuál es su verdadero lugar en esta sociedad.

El fin de la Transición es un proceso que lleva en marcha desde hace cuatro años, desde que la caída de Lehman Brothers en 2008 marcó el inicio de esta pesadilla. Pero es ahora, en estos últimos meses, cuando el momento clave puede llegar. La crisis económica es como una sequía que ha dejado el embalse sin agua hasta mostrar el fondo del pantano, la basura que la lluvia de los buenos años ocultó. Ha derivado en una crisis institucional que corroe las bases del modelo actual. Algún día se saldrá del túnel, pero esa metáfora se suele interpretar mal. Muchos creen que volveremos a la luz por por el mismo sitio por el que entramos, que será un regreso a la España de 2007. Pero del túnel siempre se sale en otro lugar.

martes, 3 de julio de 2012

Nada


José Ignacio Lapido

Granada Hoy

01/07/2012

Es sabido que cuando arde el asfalto de las calles de Granada se producen extrañas ilusiones ópticas. El recalentamiento del aire, el achicharramiento de nuestras neuronas y el tedio veraniego se conjugan para hacernos ver lo que no existe. La Plaza del Carmen es uno de los sitios donde mejores y más vívidos espejismos se pueden contemplar. Me cuentan que allí se han producido visiones alteradas de la imaginería granadina tales como un Fray Leopoldo evanescente, azulejos de fajalauza cóncavo-convexos en movimiento, maritoñis transparentes y pulevines imposibles ascendiendo a los cielos entre vulanicos

Esta semana el asfalto ha ardido, vaya que sí, y fue precisamente el jueves, el día que se celebró el así llamado Debate del Estado de la Ciudad, cuando los termómetros marcaron las más altas temperaturas. El debate, como no podía ser de otra forma, fue un espejismo. 

¿Cuántos años lleva en el poder el PP en esta ciudad? Si me dejo llevar por las sensaciones diría que millones, pero si me atengo a los datos habré de admitir que sólo nueve: una eternidad. Muchos granadinos hemos envejecido con Pepe Torres en la alcaldía. Arrugas, ojeras, canas, alopecia, dolencias óseas e incontinencias varias han aparecido en nuestros sufridos cuerpos desde que el Hombre de Píñar tomó el bastón de mando de la municipalidad. Tres mayorías absolutas que, ahora que van a hacernos pagar a los viejos por algunos medicamentos para los achaques, habría que ir pensando en liquidar por vía democrática, más que nada por el capricho de ver una cara nueva en el consistorio de la Plaza del Carmen antes de que nos suban en coche negro a San José. Si quisiéramos resumir con una palabra la gestión del Partido Popular en el Ayuntamiento de Granada bastaría con deshacernos de la primera sílaba del nombre de la ciudad. Debatir sobre la nada es entrar en los terrenos de la metafísica, más concretamente de la ontología, y de la nada, como afirmaba Parménides, no se puede hablar. En cualquier caso, y dado que los filósofos no abundan entre los concejales, el jueves se debatió sobre la más absoluta nada. En las elecciones de hace un año Torres Hurtado fió todo a que Arenas consiguiese la presidencia de la Junta, así podría hacer realidad el inefable ascensor a la Alhambra, que era su gran y único proyecto. Una vez que Arenas cosechó la más amarga de las victorias Torres se quedó esperando a Godot, al mando -es un decir- de una ciudad pequeña que siempre le ha venido grande, una ciudad cada vez más cateta, endeudada hasta las cejas y sin ningún otro proyecto de futuro a excepción de un maravilloso parque para perros. Nuestro bienamado alcalde aún tiene tres años por delante para seguir sesteando plácidamente y para culpar a otros de su propia inoperancia. Qué calor.


*  El músico José Ignacio Lapido fue el guitarrista y compositor de la recordada banda de rock granadina 091.