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viernes, 30 de marzo de 2012

Juan Carlos, ¿Por qué no te largas?


Amadeo Martínez Inglés


30/03/2012

Sí, sí, divino rey de derecho franquista; amantísimo suegro del mago español de las finanzas, señor Urdangarín; supremo muñidor del singular casting por el que éste pudo alcanzar el cielo de Telefónica y marcharse desterrado a la capital del Imperio con un sueldo millonario; padre biológico de la todavía no imputada Cristina de Pedralbes (título que tuviste a bien regalarle tras la “compra” del micro piso barcelonés que tanto ella como su morganático esposo adquirieron con el sudor de la frente… de tus amados súbditos); presunto (esta palabrita de rancia raíz democrática la pongo una vez más pero voy a tratar de olvidarla en el futuro por lo que se refiere a tu augusta persona ya que como inviolable e irresponsable constitucional que eres, no hay juez en el mundo que pueda desprenderla de tu despreciable currículo a través de una sentencia en firme y, en consecuencia, tu presunción de inocencia no deja de ser una anécdota de intrascendencia jurídica e histórica y, encima, “ad eternum”).

 Encubridor también de los delitos monetario/fiscales (aquí sí que podría entrar lo de “presuntos” porque el juez Castro es lento pero seguro y todavía no se ha definido) cometidos por el ya mencionado Urdanga; autogolpista de salón en la famosa tarde/noche del 23-F (en esto sí que voy sobre seguro y ni presunto ni leches después de que el extinto embajador alemán en la España de aquellos años haya revalidado mis investigaciones de casi treinta años); fratricida confeso (lo has reconocido tú y tu familia) y “presunto asesino vitalicio” porque ningún juez (ni siquiera la Fiscalía General de Portugal a la que recurrí recientemente para que, en base a un exhaustivo informe que le remití admitido a trámite y luego archivado por presiones españolas, reabriera el caso) ha investigado ni investigará nunca lo sucedido aquél trágico día 29 de marzo de 1956 en la mansión de tus señores padres en Estoril cuando, con 18 años de edad y siendo un militar profesional del Ejército español experto en el uso de las más variadas armas portátiles (después de seis meses de instrucción intensiva como todos los cadetes de la Academia Militar de Zaragoza debías saber manejar a la perfección la pistola de tu propiedad), “ultimaste” de un certero disparo en la cabeza, que le entró por las fosas nasales y le destrozó el cerebro, a tu hermano D. Alfonso, ojito derecho de tu señor padre, el conde de Barcelona.

Seguimos, majestad: responsable, en grado de colaborador necesario, de los crímenes de los GAL (esto no lo puse en mi anterior misiva del “por qué te callas” para no deprimir más de lo que está al españolito de a pie pero lo saco ahora de nuevo a colación para darle motivo de charla al juez del TOP, perdón de la AN, que me ha invitado a que le dé una conferencia personal y exhaustiva sobre tus corruptelas y devaneos el próximo 16 de abril, a las 10,30 horas*) y aquí si que no hay tu tía sobre lo de “presunto” o “no presunto” puesto que a primeros de marzo de 1983 centenares de militares del Ejército español (de coronel a teniente general), y tú el primero de todos ellos que para eso ostentabas (y todavía ostentas) la suprema jefatura de las FAS españolas, tuvieron conocimiento a través de un escrito secreto del CESID (luego denominado por los llamados periodistas de investigación “Acta fundacional de los GAL”) de las barbaridades de Estado que contra ETA preparaban los descerebrados dirigentes antiterroristas de las cúpulas de Defensa e Interior; “malversador indirecto” (está claro que tu no pagaste con la visa mientras te abrochabas la bragueta pero otros sí lo hicieron por ti) de fondos públicos de los llamados reservados para pagar el chantaje de determinada vedette del espectáculo español que, abandonada en la cama a mediados de los años noventa después de quince de servicios especiales al Estado (a tu ya señalada bragueta, más bien), amenazaba con subir a Youtube (es un decir) tus hazañas kamasutreras grabadas en alta fidelidad; reo de un delito de “alta traición” a la nación española al haber entregado en secreto a Marruecos y Mauritania en noviembre de 1975, con nocturnidad y alevosía, mediante un pacto secreto con el Departamento de Estado norteamericano y desempeñando el cargo de Jefe del Estado en funciones, la antigua provincia del Sahara Español, condenando a sus habitantes (ciudadanos españoles en aquella época) a sufrir un espantoso genocidio (más de tres mil víctimas) por parte del Ejército marroquí; reo, también, de un delito de cobardía ante el enemigo ¿eres militar, no? al haber abandonado una parte muy importante del territorio español de la época (300.000 Km2) al enemigo invasor sin ordenar siquiera que el Ejército a tus órdenes disparara un solo tiro y entregándole, además, acuartelamientos, armas y bagajes…  

Bueno, podría seguir recordándote tus desmanes, inicuo rey de los españoles (ya de muy pocos y de derechas, mayormente) de los que, curiosamente, debo responder (yo, el mensajero) el próximo día 16 de abril ante el juez y no tú que eres el delincuente (no me cabe otra opción que acudir otra vez, en contra de mi criterio, a la cantinela de “presunto” pero no quiero que se me enfade el magistrado antes de soltarle lo que pienso soltarle en esa conferencia primaveral a la que me ha invitado), pero no puedo cansar más al personal con la que está cayendo en este país empobrecido, arruinado, al borde del rescate financiero y moral por parte de Europa.

Yo, desde luego, hasta hace muy pocos días pensaba, amigo Juanito (oye, perdona por la confianza en el trato pero aunque estemos en campos separados, yo con la III y tu apurando las mieles que te regaló tu amado generalísimo, somos casi de la misma edad, yo algún añito más viejo que tú pero ¡ojo! cronológicamente hablando porque en edad biológica te doy sopas con onda; por cierto ¿en cuanto haces tú los cien metros? yo, en 14, 4 segundos ¿no está mal eh?) que más tarde o más temprano tendría que acudir con mis libros, mis papeles, mis investigaciones, mis análisis (hasta balísticos sobre la muerte de tu hermano), mis informes…etc, etc, al Congreso de los Diputados (hace años que les envío informes y denuncias al respecto) para contarles todo lo que sé sobre tu, para mí, mezquina figura. Pero no, ahora resulta que no, que por una imposición (directa o no) de tu etéreo poder en decadencia ante la nueva Fiscalía del Estado que ha encontrado terreno abonado en un PP borracho de poder (hasta el varapalo de Andalucía, obviamente, que les ha sentado como una purga acelerada a base de aceite de ricino) debo acudir nada menos que a la Audiencia Nacional a recibir una reprimenda institucional como presunto narcotraficante del pensamiento, presunto terrorista de la palabra o, cuanto menos, como mensajero republicano desvergonzado. Y todo ello por haber llamado banda de puteros, cabrones, borrachos, golfos… etc, etc, a tus ancestros reales. ¡Qué risa! Como si yo me hubiera inventado que Isabel II fue una putorra de campeonato, Fernando VII un crac felón, tu abuelo Alfonso XIII un putero y un borracho… y paro ahí porque no me gusta meterme con el padre de nadie. Con el objetivo final de asustarme y silenciarme de una puta vez como si yo fuera (con todos los respetos y admiración a tan valerosos artistas) un componente más del trío “Ardor de Estómago” al que le recientemente le habéis metido una multa por llamarte hijoputa en una de sus canciones.

Está claro, majestad, que os habéis equivocado, que habéis metido la pata hasta el corvejón, que sois legos en estrategia, en táctica, que estáis sonados, que sois estúpidos y que, desde luego, no me conocéis. Y el tremendo error cometido (los errores en la guerra y en la paz se pagan siempre, sobre todos los que minusvaloran la capacidad del enemigo) puede costaros muy caro a todos (PP, incluido) y, en particular, a ti, viejo y acabado rey, que permaneces agazapado y atontolinado en tu búnker de La Zarzuela desde que explosionó el caso Urdanga mientras te come el poco terreno que te queda el clan familiar formado por los ambiciosotes Felipillo&Leticia.

A mí ni me asustas tú, antiguo cadete Juanito, ni tus clanes familiares (muy preocupados porque son conscientes de que se les aleja la posibilidad de ceñir algún día la corona franquista), ni tus alabarderos, ni tus palacios, ni tu obsoleta parafernalia cortesana, ni tus tribunales, ni los acomodaticios políticos que todavía te sostienen, ni nada de nada… No me asusta nada de eso. Por ello, y ya termino esta nueva misiva a tu regia figura, no me corto un pelo en decirte públicamente, a través de estas humildes líneas, que te vayas, tu tiempo se ha acabado y el pueblo español quiere en estos momentos (ahí están las encuestas y los millones de comentarios en Internet) un cambio político, social y económico real, en profundidad, lejos ya de los maquillajes y engaños propios de la llamada modélica transición. O sea, en román paladino, lo que la sociedad española del siglo XXI demanda en estos momentos es volver de una vez al legítimo régimen progresista republicano y enterrar para siempre la pesadilla franquista que ha durado más de setenta años.

¡Ya está bien, Juanca! Por favor, ¿Por qué no te largas?


* El autor del presente escrito, coronel de Estado Mayor retirado, ha sido imputado por un presunto delito contra la Corona por el Juzgado Central de Instrucción número 2 de la Audiencia Nacional, debido al artículo que publicó en el diario digital Canarias Semanal el pasado 12 de diciembre de 2011. Desde UCAR-Granada suscribimos la nota publicada por nuestros compañeros de UCR en relación a este asunto: "Denunciamos la actitud intimidatoria de los poderes del Estado contra la libertad de expresión y  al tiempo queremos mostrar nuestra solidaridad con Amadeo Martínez Inglés,  convocando a la ciudadanía el próximo 16 de abril a las 10,30 ante la Audiencia Nacional de la Monarquía del 18 de julio para expresar nuestro rechazo a este proceso contra la libertad de expresión. ¡Salud y República!"

martes, 27 de marzo de 2012

Comunicado en apoyo de la Huelga General del 29 de marzo de 2012


27/03/2012

Un nuevo despotismo, no ilustrado, se cierne sobre los trabajadores/as españoles. La dictadura de la globalización y un nuevo espécimen de terrorismo, el terrorismo financiero, se abate sobre los más indefensos y menos culpables de las ciudadanas/os, procreando terrorismo laboral. No sólo estamos en grave crisis económica, sino en una crisis de civilización. Y, dentro de ella, España, especializada dentro de Europa occidental en “contrarreformas” (¿les suena la de Trento y “brazo armado de la Iglesia”, o la inmediata abolición de la Constitución de 1.812 por el infame Fernando VII, o la liquidación del “Trienio de Riego”, ahorcando y luego decapitando a éste? ¿O el fusilamiento de las democráticas I y II Repúblicas, que habían llegado entre el alborozo y esperanza popular sin una gota de sangre?), España, decimos, genera ahora, por un Gobierno a las órdenes de ese absolutismo canalla  financiero, una contrarreforma antagonista del Estado de bienestar, de los derechos sociales y sindicales, a la que disfraza de “reforma laboral”. Y, encima, lo hace con un Decreto-Ley, alegando que es por necesidad “extraordinaria y urgente”, como decir “manu militari”. Cual una revolución, ultraconservadora e insolidaria, al grito de “todo el poder para el gran capital y los empresarios”.

Esta contrarreforma reaccionaria atenta de plano contra la Justicia, no sólo contra la moral pública; sino también contra la primerísima gran referencia o prescripción de la vigente Constitución en su Preámbulo, línea inicial del mismo; y contra un “orden económico y social justo” (2º párrafo del mismo); y contra la Justicia como “valor superior del ordenamiento jurídico” (Artículo 1 de la Constitución). En suma, es una reforma anticonstitucional, ilegítima e ilegal.

Además, sin previa negociación con los agentes sociales, esta despótica “reforma” del PP se ríe del “derecho al trabajo”, del “derecho a una remuneración suficiente para las necesidades del trabajador/a y su familia”, y de otros derechos consagrados en el Art. 35 de la Constitución, el cual forma parte del Título Primero de ésta, llamado “De los derechos y deberes fundamentales”. Como se ríe del Art. 7, que encarga a los sindicatos de trabajadores “la promoción de  los intereses económicos y sociales que les son propios”. Como lo hace del Art. 37, que establece el “derecho a la negociación colectiva laboral entre los representantes de los trabajadores y los empresarios”. Como desprecia, en su soberbia, el Art. 131.2, que exige al Gobierno, al planificar la actividad económica general, que cuente con ”el asesoramiento y colaboración de los sindicatos”. Pero el Gobierno del PP pasa olímpicamente de la Constitución, fijando a su antojo salarios, jornada, horario, etc. Tal menosprecio a la negociación y convenios colectivos, tan tremenda desigualdad entre las dos partes del contrato de trabajo, vacía a éste de verdadero contenido. Y, a más a más, el Gobierno se pone por montera el Convenio 158 de la Organización Internacional del Trabajo respecto a finalización del contrato laboral, pisoteando igualmente el Art. 10.2 de la Constitución: “Las normas relativas a los derechos fundamentales se interpretarán de conformidad con los Tratados y Acuerdos internacionales ratificados por España”. Y pisoteando el Art. 96: “Los Tratados internacionales formarán parte del ordenamiento interno español”.

Lo decíamos arriba: una reforma anticonstitucional e ilegítima; y que, de remate, debilita la fundamental “tutela judicial efectiva” a cargo de jueces y tribunales para garantizar los derechos e intereses legítimos de los ciudadanos, “sin que en ningún caso pueda producirse indefensión” (Art. 24 de la Constitución). Ya que los jueces de lo Social no podrán valorar si son razonables las medidas del empresario. Y, así,  los empresarios cuelan una pléyade de arbitrariedades, como mayor jornada o cambios y distribución de ésta al capricho de la empresa, periodo de prueba de un año a su antojo, bajar los salarios, cambiar las vacaciones, precarizar los contratos. Y ni el mínimo atisbo de reducir o acabar con la inferioridad laboral de la mayoría de mujeres.

En suma, buscan cambiar la estructura de relaciones laborales que tanto costó construir en Europa; aunque no es sólo una cuestión laboral sino de egoísmo y crueldad avariciosa, de abandono de los más débiles, cero lucha contra las desigualdades, ultraliberalismo deshumanizado, desprecio al diálogo social, feroz salto cualitativo atrás, regresión en derechos sociales y humanos, aprovechando la “crisis” para dinamitar lo más posible el Estado Social, violando la propia Constitución. En fin, hacia el “modelo USA”, con decenas de millones  de personas en la pobreza o su umbral, despido libre o casi, sin vacaciones como en Europa, las rentas empresariales creciendo a costa de las salariales, el dinero y su poder omnímodo en manos de una estrecha parte de la población.

Un infame intento, pues, de dar marcha atrás –-señalábamos arriba— al progreso humano, a lo conseguido con la solidaridad e igualdad ante la ley, que tratan de quitarnos todo lo posible. Las tropelías económico-financieras de unos pocos, ¡a pagarlas la inmensa mayoría!  Y los dependientes al traste, o a una mujer (oí hoy por radio) que necesita con urgencia una colonoscopia por peligro de cáncer le dan hora en la sanidad pública para dentro de tres años. Sin hablar de pensionistas y funcionarios. Sin extendernos en que la Comunidad o País Valenciano está por encima, en precariedad y paro, de la media estatal.

Pero nos queda la calle, la huelga, machihembradas con la dignidad, “fundamento del orden político y de la paz social” (Art. 10 de la Constitución). Éste nos dice, pues, que  no hay genuino orden político ni paz social sin plena dignidad de la persona. Aunque nos gustaría oír más a la Iglesia pronunciarse por tantos oprimidos, parados, despedidos.

http://www.unidadcivicaporlarepublica.es/

domingo, 25 de marzo de 2012

Invitación - VIII Cena Republican​a Granadina - Viernes 13/04/12 - 2​1 horas - Rest​aurante "El Rincón de Lorca"


Estimados compañeros y amigos de la causa republicana:

Unidad Cívica Andaluza por la República en Granada (UCAR-Granada) organiza por octavo año consecutivo la tradicional Cena Republicana, el mismo acontecimiento que propició nuestra fundación, allá por 2005.

Como en pasadas ocasiones, os invitamos a que acudáis con vuestros familiares y amigos, a fin de poder pasar una velada agradable entre republicanos y republicanas.

Os esperamos el próximo viernes 13 de abril de 2012, a las 21 horas, en el Restaurante "El Rincón de Lorca", sito en la calle Angulo, número 3, esquina con la calle Tablas y en las cercanías de la plaza de la Trinidad.

El precio de la Cena será de 25 € por comensal. Existen dos opciones de pago**: el ingreso anticipado en la cuenta corriente de UCAR-Granada (2031 0000 09 0117124108, de Caja Granada) o el abono en mano la misma noche del 13.

Rogamos a todos aquellos compañeros y amigos interesados en ingresar el pago de la Cena a través del banco que especifiquen adecuadamente el concepto de la transferencia, sus datos personales y el número de cubiertos a reservar.

Para realizar vuestras reservas, no dudéis en poneros en contacto con nosotros, a través de la cuenta de correo electrónico de nuestra portavocía: ucargranada@gmail.com.

Nos vemos el 13 de abril, para celebrar con los nuestros el 81º aniversario de la proclamación de la Segunda República Española.

Salud y República Federal.

* Cartel cortesía del compañero Jota Medina, flamante socio de UCAR-Granada.

** Aviso importante: Sólo se admiten solicitudes de cubiertos hasta el miércoles 11 de abril, a fin de no trastocar en demasía la preparación del evento.

miércoles, 21 de marzo de 2012

La Transición era mentira


Raúl Quinto*

La Voz de Almería

12/03/2012

Nací en 1978, cuando se aprobó la Constitución, y crecí, junto a mi generación, con el relato de un proceso llamado La Transición, que condujo a los españoles, cainitas genéticos según parece, a construir una hermosa democracia moderna partiendo de una dictadura gris, agonizante, a la que supo doblegar y convencer para el tránsito. Nos exportaron como modelo a imitar para otros países que quisieran pasar del blanco y negro al tecnicolor. Nos llenaba de orgullo y satisfacción pertenecer a un país plenamente occidental. Cada año en el colegio recordábamos la maravillosa metamorfosis y los peligros que acechaban en sus márgenes: el 23F como frontera, la Guerra Civil como fantasma. En fin. Las instituciones y las normas derivadas eran garantes de este orden nuevo, había que cuidarlas y respetarla porque más allá estaba la barbarie y el retroceso.  La Corona, la ley electoral, la liviana separación de los tres poderes, el peso no disimulado de la Iglesia, la amnesia con los crímenes de Franco, etc. Esas cosas eran buenas porque los españoles lo habían aceptado en paz y con el arma inédita del consenso.  Fantástico.

Pero a estas alturas ya sabemos que en todo relato hay dosis muy altas de ficción. Siempre. Y más en aquellos discursos culturales que quieren fortalecer un sistema de poder y legitimar unos valores y unos privilegios. No hay verdades puras. Aparte de la evidencia de que nuestra democracia no es sino una evolución pactada del régimen anterior, la actualidad nos deja muestras inequívocas de que la solidez del relato comienza a resquebrajarse. Los símbolos y los dogmas se van volviendo endebles, y el sistema va perdiendo, a pasos agigantados legitimidad para muchos ciudadanos, como yo, que han vivido siempre dentro de este conjunto de normas y valores.

Ejemplos y contraejemplos, breves y recientes: el papel del difunto Manuel Fraga en la represión de los años 70 frente al impostado discurso de la Transición pacífica, unos muertos sin justicia y el responsable político elevado a los altares “democráticos”. Incoherencia. Que un juez pueda investigar crímenes genocidas en países remotos pero lo tenga vetado en su propio país: el exjuez Garzón.  Que tenga que venir un caso de corrupción tremenda para que la Casa Real decida, de manera sesgada, ofrecer una mínima porción del dinero público que maneja, o que venga una revista alemana a decirnos que el heroísmo demócrata del Rey el 23F pudo no serlo tanto. O la puntilla. La reforma constitucional de este verano por el tema del déficit, sin un amago de consenso político o consulta popular, de urgencia, con la sola firma de PSOE y PP y el aliento marcial de Alemania en la nuca. Con esas cosas, que son apenas una muestra mínima, ya vamos siendo muchos los que no nos creemos este sistema ni el relato que lo sustenta. Será cosa del abismo generacional.

Que estamos mejor que con Franco, no lo pongo en duda. Pero muchos, cada vez más, no nos sentimos representados por el marco en el que nos movemos. Por su parte, la Cultura de la Transición, que es como denominó Guillem Martínez a este paradigma, en el sentido más amplio del término cultura,  ahora flaquea, se revuelve y se endurece, del mismo modo en que lo hizo el Franquismo en su última fase. Nada extraño. Y es que este mundo, además, es muy distinto del de  1978 o 1981, y las democracias representativas de Occidente están siendo sometidas al imperio de los mercados, perdiendo su propio papel de intermediación con la sociedad, que vive entre el miedo y la desconfianza estructural al propio sistema, que el ciudadano percibe como algo nocivo e inoperante. Nuestra Transición, o al menos su relato, no decía nada de sumisión y pérdida de soberanía popular en aras del dios dinero. Seguramente estemos en el momento de exigir una nueva transición hacia una democracia digna del siglo XXI, aunque los pasos que se van dando nos encaminan hacia otros modelos más cercanos a lo que había en 1977. De nosotros depende. Algunos ya se han puesto a trabajar en ello.


* Raúl Quinto es poeta, articulista y profesor de educación secundaria.

lunes, 19 de marzo de 2012

29M: una huelga general contra zombis y vampiros


John Brown


19/03/2012

Dicen que hay convocada para el 29 de marzo una «huelga general». Me permito dudarlo. Un huelga general es algo más que un simple movimiento de resistencia a una medida del gobierno como es la reforma laboral. La Huelga General fue para el movimiento obrero del siglo XIX y principios del XX un momento mítico de liberación. En la Huelga General no sólo se procuraba responder a la explotación y mejorar dentro del capitalismo el reparto de la riqueza, procurando obtener un precio mejor por la fuerza de trabajo en el mercado o mejorando algo las condiciones de existencia del trabajador. Estas mejoras son necesarias, pero no son ni pueden ser el objetivo de una huelga general. Una huelga general es siempre política: pretende mostrar que los trabajadores pueden y deben vivir y producir sin un patrón. Hacer una huelga general es empezar a tomar el mando de la sociedad: «conquistar la democracia», decían Marx y Engels en el Manifiesto.

La «huelga general» del 29 de marzo es, además, una huelga particular: tal como la plantean los sindicatos mayoritarios sólo puede afectar a una parte reducida de la población compuesta por los trabajadores con contrato estable. La mayoría de los trabajadores y la casi totalidad de los jóvenes trabajadores no pertenecen a esa categoría. Están muy lejos del mito obrerista del trabajador de fábrica con mono azul. La imagen del «señorito» que hace un trabajo intelectual opuesto al obrero industrial ya sólo sirve para legitimar la división de los trabajadores y la dominación de unas burocracias sindicales caducas y vendidas cuyos dirigentes merecerían un buen papel en alguna película de zombis. Hoy el trabajador viste de mono azul, pero también de otras mil maneras: puede vestir chaqueta y corbata (obligatorios), uniformes de empresa como los que trabajan en las hamburgueserías o en el reparto de pizzas, ropa informal como muchos informáticos, vestidos «sexy» para cazar hombres o mujeres como los trabajadores del sexo, uniformes blancos o de varios colores lisos como los enfermeros y enfermeras y otros trabajadores a la vez sanitarios y afectivos. Esta variedad de indumentarias es resultado de que hoy el trabajo y la vida coinciden. Ya no existe un lugar para el trabajo (la fábrica, la oficina) y otro para la vida: en todo momento, todos estamos produciendo la mayor de todas las riquezas, nuestra vida social, nuestra inteligencia y nuestro afecto. El capital nos vampiriza no sólo cuando trabajamos en el marco tradicional de la relación salarial, sino en todos los momentos de nuestras vidas. El parado, el jubilado, el niño, el anciano, el ama de casa, hasta el agonizante en su medicalizado lecho de muerte, trabajan y producen y son explotados uno por uno y colectivamente. El trabajo intelectual, inmaterial, ya no es una función de mando: es un elemento de todo trabajo, incluso del trabajo de fábrica cada vez más flexible y organizado por los propios obreros, que tienen que responder a la demanda del mercado directamente, mostrando constante disponibilidad, como si el trabajo fuera su preocupación más personal. La función de mando no la ejerce el trabajo intelectual, sino cada vez más y más brutalmente el capital financiero que, mediante la deuda pública y privada, parasita nuestras vidas. También ha tomado el mando un capitalismo « productivo » que transforma nuestras vidas en «estilos de vida», en marcas que nos hacen «hombres o mujeres» «Pepsi», «Zara» o «Citroën».

La huelga general, para serlo, debe aspirar a liberar nuestras vidas de este régimen de vampirización. Debe exigir y realizar la autonomización de la vida respecto del capital. La huelga empieza por negarse a consumir, por negarse a las conductas infames, tristes, solitarias e insolidarias que se esperan de nosotros: un buen comienzo de huelga general es saludar y sonreír al vecino, hablar a las personas que no conocemos, no comprar nada ni hacer circular dinero, reunirse en la plaza pública y ocuparla para hablar de las cosas de todos. Es preciso que la huelga incluya a todos los trabajadores y nos saque, al menos por un tiempo, de la condición de mercancía. También es vital que ese espacio y ese tiempo ganados al capital sirvan para determinar objetivos, mucho más allá de la justificadísima oposición a la reforma laboral. Frente a los chupasangres y vampiros del capitalismo neoliberal, nuestros ajos, crucifijos y estacas deben ser la exigencia de una renta básica independiente de cualquier prestación laboral asalariada, el rechazo a la deuda pública ilegítima cuyo pago nos impone el Estado en nombre de los bancos y los poderes financieros, la exigencia del derecho a la vivienda, el respeto de los bienes y servicios públicos que hoy secuestra el Estado para mejor privatizar lo que no es suyo sino de todos.

Si nos la tomamos en serio, la huelga general no puede acabar el 29M. Ese día puede ser un hito en un largo proceso de liberación política y social cuyo comienzo situamos simbólicamente en el 15 de mayo de 2011 y que no tiene fin, pues la conquista de la democracia es una tarea permanente. No olvidemos durante todo ese tiempo tener siempre a mano ajos y estacas. 


* Cartel de Diego Mena.

sábado, 17 de marzo de 2012

El día del señor monarca


Hugo Martínez Abarca


12/03/2012

En dos domingos seguidos nuestro kiosko homenajea al monarca y, sobre todo, a la monarquía. Hace ocho días era El País el que publicaba su histórico editorial “El ‘caso Urdangarín’ y el futuro de la Monarquía” en el que daba un repaso a la insólita majadería marginal de cuestionar la monarquía porque haya aparecido un insignificante caso de corrupción ante el que el monarca habría respondido con mano de hierro. Del editorial destacaba la siguiente frase: “Otros pretenden alimentar un debate sobre la jefatura del Estado que no es más que una contorsión intelectual y mediática que la sociedad española debe rechazar con toda contundencia.” Es decir, lo que la sociedad española debe rechazar con toda contundencia no es que se elimine la monarquía sino el propio debate: ¿cómo se rechaza con toda contundencia que haya un debate? Ninguna respuesta a esa pregunta es demasiado tranquilizadora.

El editorial de El País tuvo su continuidad ayer, el siguiente domingo, en ABC: un especial de varias páginas a favor de la monarquía y de su titular, con varias fotos en el despacho, siempre sonriente. De lo que uno ha podido ver, lo más divertido es un artículo titulado “Cinco razones por las que la Monarquía es un sistema mejor” firmado por el adjunto al director de ABC, Ramón Pérez-Maura, con José María Pemán como criterio de autoridad y cuya cima es el argumento número 2 titulado “La Monarquía es un sistema más moderno” que reza así:
La República es un sistema más natural; es decir, es más elemental, más retrasada. Toda la civilización es una resta a lo natural. Todo lo que es más natural es más inferior [sic]. El reparto comunal de los bienes es más natural que la propiedad. Toda la civilización —los Reyes, la propiedad, el contrato matrimonial— implica un elemento de modernidad y es complicación y artificialismo, sobrepuestos, como freno y límite, a esas naturalidades. Como son también añadiduras a lo natural la educación, los modales o la corbata. Y precisamente por la elaboración y decantación a través de los siglos que conlleva una Monarquía, hay que entender que no está en la mano de cualquier pueblo tener una Monarquía, pero sí lo está el tener una República. Una revolución se hace en 24 horas; una Monarquía resulta de la decantación de los siglos.”
De un plumazo y para salvar a la monarquía el tipo se carga la navaja de Ockham que nos había hecho optar en principio por las soluciones más sencillas durante siglos y, sobre todo, el argumento en el que hemos basado el rechazo al matrimonio homosexual: según nos habían dicho lo natural es el matrimonio entre un hombre y una mujer, así que según Pérez-Maura esa unión heterosexual es más inferior que la opción antinatura.

Con todo, lo que parece explicar qué pasa para que corra tanta adulación cortesana es el titular de ABC: “Siempre con el Rey“. Siempre. No “Con el Rey” a secas, sino siempre, hasta en los peores momentos, cuando parece que todo el mundo abandona el barco. De eso se trata. Que la monarquía anda muy tocada y por eso demanda de sus medios de comunicación munición cortesana. El reportaje de ABC cuenta con la necesaria colaboración de la Casa Real para que, al menos, el fotógrafo entre en el despacho de Juan Carlos de Borbón y le haga unas fotos posando durante la esforzada tarea. El editorial de El País podría haber sido escrito en la sede del diario (y el especial de ABC justo una semana después habría sido una feliz coincidencia): no tenemos por qué pensar que el hecho de que el nuevo portavoz de la Casa Real sea un periodista de PRISA (Cinco Días y El País) haya generado un especial hilo de comunicación entre la Casa Real y la dirección del diario ni una externalización de la escritura del editorial. El País criticaba en su editorial “el oscurantismo, de quienes le adulan (al rey)” y, claro, en un editorial profundamente adulador habrá quien piense que es una confesión de oscurantismo.

La ola de peloteo monárquico de emergencia es un magnífico síntoma para los republicanos. Saben que su imagen está deteriorada, que cuando las calles se quejan de privilegios políticos y de corrupción tienen muy difícil apoyar a quien ostenta los privilegios por cuna, se entrega a amigos como Mario Conde, de la Rosa, Prado y Colón de Carvajal, el rey Fahd… y cuyo yerno ha sido pillado teniendo comportamientos no ejemplares con Camps, Matas y Barberá.

Se saben tocados. Y saben algo que a los republicanos a veces se nos olvida: que el desprestigio de la monarquía no es como el de Zapatero, Aznar o González, que se sustituye por otro y punto, sino que es el desprestigio de un Régimen diseñado en los 70 como democracia de baja intensidad y uno de cuyos pilares fundamentales es la Corona. Muy al contrario de lo que decía El País lo que el debate pone en riesgo no es la democracia, sino su ausencia.


jueves, 15 de marzo de 2012

Teresa Pàmies, la lucha política y el deber literario de la memoria


Carles Geli

El País

14/03/2012

Calles de Olot (Girona), entre enero y febrero de 1939: jóvenes comunistas enarbolando tristes banderas ya derrotadas llamaban a la población “a resistir, a resistir, a resistir (...). Ni cínicos, ni desmoralizados... Creíamos que ganaríamos, era la fe del carbonero”. Así lo escribió tiempo después una de las que arengaban, Teresa Pàmies, de apenas 20 años, capitana de una generación que no paró de luchar toda su vida, con éxito muy desigual. Ella no dejó de hacerlo hasta ayer, cuando la escritora, memoria literaria pura, falleció a los 92 años en Granada, donde pasaba parte del año con uno de sus cuatro hijos.

¿Luchar desde cuándo? Desde siempre, desde que a los 10 años vendía por las leridanas calles de su Balaguer natal (8 de octubre de 1919) La Batalla, revista del combativo y marxista Bloc Obrer Camperol, del que su padre era dirigente destacado. Vender La Batalla, sí, pero también hacer la comunión porque su madre era muy católica. “En mi casa todo lo consensuábamos, hasta que mi padre no fuera a esa ceremonia”, recordaba. El consenso, doméstico, sería luego su credo.

Un camino estaba, así, trazado: militante socialista, a los 17 años participaba en un mitin en una plaza Monumental de Barcelona a rebosar. Solo meses después era ya dirigente de las Juventudes Socialistas Unificadas de Cataluña y relevante feminista, y escribía ya para el boletín Juliol. Un carácter fuerte la había convertido en un referente político en Cataluña en plena juventud. Pero, en la distancia corta, admitía que nunca se le borraría la imagen del grupo de heridos que, desharrapados, abandonaban el Hospital Militar de Vallcarca pidiendo a los que huían de Barcelona que no les dejaran allí. “La certeza de que los republicanos salimos de Barcelona y dejamos atrás a aquellos hombres siempre nos avergonzará”, escribió. Y tampoco olvidaría que hubo de abandonar a su madre en Balaguer: “decía que no quería ser una carga” en el exilio. No la volvió a ver. Esa joven tan dura mantenía, pues, una silenciosa dualidad que arrastraría toda su vida.

Trabajar en granjas francesas a cambio de comida y techo fue el primer episodio de un exilio que la condujo a la República Dominicana, Cuba y México (donde estudió periodismo) para aterrizar, en 1947, en Praga, donde estuvo 12 años y se casó con Gregorio López Raimundo. Era un antiguo novio de cuando la guerra, del que se separó porque “tonteaba con otras” y al que reencontró allí, como clandestino secretario general del PSUC, y con el que tuvo dos de sus cuatro hijos. A ellos les dio su apellido porque el político no podía ponerles el suyo. Uno de ellos es el escritor Sergi Pàmies, que nacería en Francia.

Seguía la lucha sin fin. Esa unión, que duraría 36 años, hasta la muerte del político en 2007, “afectó a la vida política que pude tener; seguramente me ha quitado libertad de expresión”, reconocía. Años tan grises tras el telón de acero como duros de alguien que resumió así su vida: “Nunca he sido una revolucionaria profesional, sino una mujer que ha vivido acorde con sus ideas, pero que también ha tenido que sacar adelante una familia haciendo a la vez de padre y madre”.

Todo cambió la noche de Reyes de 1970 en el hotel Ritz de Barcelona, cuando el jurado del Premio Josep Pla reconocía Testament a Praga, de unos entonces ya desconocidos a la fuerza Tomás (su padre) y Teresa Pàmies, que a veces firmaba en revistas como Serra d’Or y Oriflama. Un pequeño terremoto: el diálogo entre los textos de ortodoxia comunista que el padre había dejado como memorias y las cartas que la hija intercala respondiéndole en plena invasión soviética de Praga en 1968, así como las miradas ya discordantes de la Guerra Civil española de dos generaciones, sacuden el panorama literario y memorialístico catalán, y serán el inicio de más de un mal gesto de cintura para la censura franquista ante una obra que no se detendría ya a la hora de convocar guerra, exilio y clandestinidad.

Fue como saltar de una barricada vital: una especie de lucha final, quizá el sentido a una vida que buscaba ya como capitana en los días de la guerra. Eso la decidió a volver a Cataluña. A partir de ese momento, Pàmies se descubrió a sí misma, a los 51 años, como escritora. De la mano de esa mujer tenaz, no exenta de cierta dureza, y de memoria tan notable como libre, acabarían saliendo casi una cuarentena de títulos, entre ellos ocho novelas, algunas tan significativas como Va ploure tot el dia (1974), Amor clandestí (1977) y La filla del gudari (1998). Pero ni esas pudieron escapar al trasunto autobiográfico que impregnaría su obra mayor, la narrativa memorialística, con una veintena de títulos, entre ellos el mítico Quan érem capitans (1974, premio Joan Estelrich), Gent del meu exili (1975) y Jardí enfonsat (1995, premio de la Institució de les Lletres Catalanes, hundimiento de la familia Panero como metáfora de la caída del socialismo)... Todos armados con una prosa espontánea, coloquial y directa, como si fueran hijos del deber literario de la memoria. Acabaría siendo un símbolo, personificación de la última gran memoria del exilio y la clandestinidad. “Ha representado la continuidad de la Cataluña de antes de la guerra, uno de los hilos que nos hilvana con nuestra tradición”, resumía ayer Artur Mas, presidente de la Generalitat, institución que le otorgó la Creu de Sant Jordi en 1984. Esta distinción y el Premi d’Honor de les Lletres Catalanes, en 2001, fueron sus máximos reconocimientos.

La tierna Teresa, el reverso de la mujer corajosa que tuvo que abortar “porque no podía mantener ese hijo”, dedicó su último libro, Informe al difunt (2008), a su marido. También logró adquirir parte de la pequeña tumba de su madre en el viejo y por ello ya clausurado cementerio de Balaguer. Ahí quería que se depositaran sus cenizas. Para estar de nuevo juntas. Y ahí irán.


lunes, 12 de marzo de 2012

La Constitución de 1978 ha muerto. Recuperemos la soberanía popular


Marcos González Sedano


12/02/2012

La aguja va sacando del vinilo las notas de la gaita, el acordeón, el bouzouki, el violín, la flauta, la guitarra, el bodhran... Me llevan hasta las fosas nasales el olor a salitre, a mar, a marineros sacando el pez nuestro de cada día. La música me trae a los oídos los sonidos del monte, el paso pausado de los campesinos que al cruce se saludan: "¡eeii!", y se contestan: "¡auuh!" bajo el resplandor de la luna, en el camino del bosque sagrado.

Frente a las Islas Cíes, una botella de Albariño nos alarga la velada mientras los de abajo reciben a la clase media y a una buena parte de la burguesía urbana y campesina, que con su encanto, va siendo devorada por su propio Saturno sin entender lo que le está ocurriendo.

El camino, lo importante es el camino, la meta es solo el objetivo que nos invita a la experiencia, gritaba el poeta en la soledad de Alejandría.

Yo podría invitarles a ustedes a compartir el asfalto de las ciudades, la luz del sol o de las estrellas, o tal vez a un aquelarre. Pero no a un entierro. Y, sin embargo, en estos tiempos que corren, los vende patrias, los usureros de la globalización actúan con la bandera de la parca controlando nuestro destino desde el principio hasta el fin, nos van descuartizando poco a poco, cercenando nuestras vidas, convirtiéndonos en seres infelices para saciar ellos, los de arriba, su glotonería.

Yo puedo invitarles a ustedes a un nacimiento, o tal vez a una orgía dialéctica, pero no a un entierro. Los sepultureros de este estado que desde las tribunas vociferan, que nos roban por nuestro beneficio, se merecen una respuesta. Y esta solo puede ser de esperanza, de vida, de ilusión.

La Constitución de 1978 ha muerto, la han asesinado los mismos que la parieron. Y con ello nos han liberado. Nos ofrecen la posibilidad de recuperar la soberanía arrebatada, de labrar, de sembrar, de forjar en el yunque, de crear en el ordenador, de abandonar la soledad no deseada, de no quedarnos con los brazos cruzados mientras nos pasan a cuchillo.

Apenas unos miles de personas nos hemos adherido a una auto-convocatoria para iniciar un proceso constituyente. 

Nos hemos dado cita los próximos días 17 y 18 de marzo en la ciudad de Cádiz*, coincidiendo con el 200 aniversario de la primera Constitución española, "La Pepa", la más avanzada en su día, que abrió el paso a la emancipación y liberación de las colonias españolas en América.

Apenas unos miles de personas gritando que es necesario abrir un proceso democrático desde la soberanía del pueblo, y apenas unos cuantos cientos abriendo el debate en Cádiz. Pero una sola chispa podría incendiar la pradera.


* El próximo fin de semana está prevista en Cádiz la celebración de la I Asamblea Estatal de las Asambleas Ciudadanas Constituyentes, interesante iniciativa surgida de la sociedad civil que pretende empezar a poner los mimbres de una nueva Constitución al servicio de todos los españoles. Os animamos a firmar su llamamiento en http://constituyentes.org/firma-aqui-el-llamamiento/.

sábado, 10 de marzo de 2012

Sobre la monarquía y el caso Urdangarin


José Luis Pitarch*


09/03/2012

El editorial de EL PAÍS del 4 de marzo nos ha dejado a muchos asombrados. Servidor es lector de este diario desde su primer número (en el que ha publicado artículos) y difícilmente recuerda algo tan descomedido y despreciativo para innumerables españolas/es --aunque se nos llame "algunos"-- en página tan importante del periódico. También sorprende, en un diario de su talla, la manifiestamente mejorable sintaxis del editorial. El cual parece como dictado por el miedo (pero no encaja que sea miedo por parte de EL PAÍS).

Niega el editorial que "la familia real esté cuestionada por la opinión pública"; ¿será que los dos yernos no forman o han formado parte de dicha familia?; ¿ignora el editorial cuánto hablan muchos ciudadanos/as sobre la eventual implicación de la infanta Cristina en alguno(s) de los negocios de su marido? Se lo he oído a profesores de Derecho compañeros míos en la Universidad, e incluso a militares ex compañeros míos.

Al legítimo debate sobre la Jefatura del Estado lo califica el editorial de "artificial" y de "contorsión intelectual y mediática". O sea, palo al intelecto de muchos españoles y palo a los media que entren en tal debate, "frívolo" y "amarillista", que es sólo una contorsión, esto es, un movimiento convulsivo o cómico o ridículo, como una payasada. Dicho legítimo debate o análisis político, histórico, democrático, patriótico, es para el editorial "crearnos problemas que no tenemos" y darnos a "teatrales escaramuzas". Las cuales –-y ahora insulta directamente al movimiento republicano, lo que uno interpreta como que le teme sobremanera-- son urdidas por "acechantes" que buscan "desestabilizar la democracia en su propio interés". Ante ello, el editorialista nos prescribe lo que "debemos" hacer: "la sociedad española debe rechazar con toda contundencia...", y hoy sólo debemos ocuparnos de los problemas económicos y de que no se deteriore el clima social. De nada más en absoluto. ¿Debemos, también, los lectores responder "a la orden"?

Tampoco faltan palos para el juez y el fiscal del "caso Urdangarin", por su "celo" en la instrucción judicial, que el editorial da a entender que considera "excesivo". Y aun llega a decir que lo único que ha quedado claro en el caso Nóos es que "el Rey ordenó hace años a su yerno que dejara los negocios privados". No: otras cosas más del "caso" van quedando claritas. Y, por cierto, no dice el editorial si el Rey comprobó que su yerno cumplía su orden.

Hay más adornos, por ejemplo: "Prácticamente nadie duda hoy -–incluyendo los más relevantes republicanos de nuestra historia reciente-- que el Rey y la Corona..." (sigue panegírico, adobado con futurología, sobre los "servicios impagables" de Su Majestad) ¿Impagables? No, sino bien pagados. ¿Es poco pago recuperar una Corona tres veces perdida por monarcas Borbones indignos o incapaces? ¿Es poco el dinero del contribuyente que se lleva cada año el Rey "para su Familia y Casa" (sic, Constitución vigente), el cual distribuye como le venga en gana, sin dar cuenta o información a ninguna Institución del Estado? Y, en cuanto a "los más relevantes republicanos etcétera" que aplauden calurosamente al Rey, ¿a quiénes se refiere? En fin, también figuran en el editorial brindis al sol, como que "necesitamos apoyar a nuestras instituciones"; y más alabanzas a Su Majestad, así: "la arrolladora personalidad del Rey", o "Don Juan Carlos renunció a los poderes recibidos", omitiendo que eran poderes ilegítimos otorgados a dedo por un dictador genocida, en tanto que Rey de su Movimiento militar-fascista, cuyos Principios Fundamentales juró solemnemente Don Juan Carlos.

También dice el editorial que el Rey "defendió a la democracia de los golpistas". Sí, de los golpistas del "golpe duro", dispuestos a expulsarle del trono (los mismos que intentaron asesinarle en La Coruña el Día de las Fuerzas Armadas, junio del 85) por considerarse desligados de obedecerle al creer que había traicionado a Franco admitiendo la legalización del P.C., un Estado de Autonomías que rompía España, etc. Golpistas militares que leían y escribían en "El Alcázar" y "Fuerza Nueva". Mas la cosa no está tan clara respecto al "golpe" del "23-F-81", hay teorías y análisis distintos al "oficial". Verbigracia, que el "23-F" era un "golpe blando" (desde luego ilegal, anticonstitucional) llevado a cabo por dos generales monárquicos de máxima confianza del Rey ---que nunca hubieran hecho nada contra él, sino a favor--- para cortar ese avanzado proyecto de "golpe duro". De lo cual resulta difícil suponer que Su Majestad estuviera totalmente en ayunas. Y en ese "golpe blando" parece estaba involucrado el propio CESID, a través del comandante Cortina. Y no nos dejan conocer a los españoles, tres décadas después, las cintas con las probablemente reveladoras conversaciones telefónicas de aquellas tarde y noche. Y quedan sin aclarar muchos otros puntos, como por qué el Rey tardó tanto en hablar esa noche del 23 al 24 de febrero. O por qué dijo a Milans que ya no podía volverse atrás. O por qué el capitán hijo de Milans, Juan, tildó en voz alta, en el Club de Campo madrileño, de "cerdo" e "inútil" al Rey, y en consejo de guerra le impusieron por ello una pena ridícula, 1 mes en primera instancia, dos meses y un día en segunda. (Servidor cumplió varias estancias bastante más largas en la Prisión Militar de Alcalá de Henares o el Castillo de San Julián, Cartagena, por faltas -–supuestas-- mucho menores, entre 1.977 y 1.983).

Digamos, por fin, que no sólo tenemos quejas del editorial. Aplaudimos, por ejemplo, su llamada a mejorar la transparencia de la Institución y a clarificar los comportamientos de los familiares del monarca, o la que hace (cautamente expresado) a acabar con la discriminación por razón de sexo en la sucesión monárquica, opuesta frontalmente a varios artículos de la propia Constitución. Y, por no alargarnos más, quede para otra ocasión el asunto de si la monarquía actual y la Constitución llegaron con legitimidad absoluta o bajo algunas coacciones y trágalas. Ahí estaban Fraga, Cisneros... de "vigilantes" y síndicos de muchos intereses y miedos de los franquistas como ellos. Y ahí tienen al PP todavía hoy exaltando y reconociendo a Fraga como gran mentor suyo.


http://www.unidadcivicaporlarepublica.es/index.php/monarquia/casa-irreal/3888-sobre-la-monarquia-y-el-caso-urdangarin

** En la fotografía, el amigo José Luis Pitarch, durante su participación en las X Jornadas Republicanas Federales - "República y Derechos Humanos", celebradas en nuestra ciudad el pasado mes de noviembre de 2011. Disponibles más imágenes del evento en la galería pública de UCAR-Granada, gracias a la gentileza de la compañera Ana Maeso Broncano.

martes, 6 de marzo de 2012

El patinillo de Monipodio



Granada Hoy

01/03/2012

Granada no existe. Al menos, una sola Granada. Pero solemos hablar de esa ciudad imaginaria como si existiese. En la fiesta de la Patrona, "todos los granadinos", según su alcalde, dan muestras de devoción. Para Lorca, Granada es una ciudad "acolchada" (posiblemente Federico dijo 'acorchada', insensible, y el periodista transcribió, erróneamente, "acolchada", blanda, muelle) y "muerta". Los pregoneros, los del día del libro o los de Semana Santa, también invocan a Granada entera. Y sólo cuando es imposible referirse a todos los granadinos, porque resulta evidente que los hay que no se miran bien o que no coinciden en opiniones o en gustos, entonces se habla de dos Granadas: la de los granadinos bien nacidos y la de los otros, paridos con dificultad. Este bloguero, hace años, dividió a Granada, en lo que se refiere al consumo de helado, en la Granada de Los Italianos y la Granada de La Rosa. 

Tampoco existe una sola España. Es muy corriente alabar al pueblo llano, a los españoles de bien, si ganas las elecciones y afirmar que están manipulados -es decir, que son tontos-, si las pierdes. Otros citan aquello de Machado, referido a la patria, de que cuando hay problemas, lo señoritos la invocan y la venden -aluden a lo de Irak- mientras que el pueblo, sin nombrarla, la compra con su sangre y la salva. Aznar no es desde luego un señorito, sino un individuo conceptualmente de clase media que no tiene a nadie cercano que le corrija sus banalidades, enunciadas con la solemnidad del arúspice, pero al que sí le gusta mucho hablar de "patriotismo" (por tres veces lo invocó en su discurso al 17º Congreso del PP), y de 'España '(13 veces), o referirse a los "españoles" (17 veces). También aludió a "la voluntad nacional", "al alma nacional", a "la grandeza de la nación" y a "la unidad nacional". 

Todo esto en un discurso de sólo 8 folios. A los malos, a sus adversarios políticos, los desterró a un territorio brumoso que llamó "no-nación" y que todavía no aparece en el Google Earth. Yo no quiero habitar en ese patinillo de Monipodio que Aznar llama patria, erizado de banderas enormes que crecen al ritmo del paro. Hay aquí mismo otras patrias llenas de gentes, a veces geniales, a veces idiotas, como yo mismo, pero que poseen una virtud interesante: esta gente no exige de los demás ni más espacio ni más tiempo del necesario para sobrevivir dignamente, sin molestar demasiado, sabiéndose capaz de heroicidades enormes y de actos muy miserables. En una de esas "no-naciones" vivo, y no pienso trasladarme por ahora a la patria que me propone Aznar.


domingo, 4 de marzo de 2012

Clásicos republicanos: «La inmaculada transición», de Vidal-Beneyto


José Vidal-Beneyto*

El País

06/11/1995

Apenas veinte años después de la muerte del dictador comienza a prosperar en la historiografía española la tesis de que el franquismo fue un antecedente necesario de la democracia y la transición una operación intramuros del régimen, endógenamente franquista, sin mancha exterior. ¿Cómo es posible que el franquismo como predemocracia y la transición inmaculada, esos dos disparates doctrinales, y sobre todo esas provocadoras falsificaciones de la realidad, tengan circulación histórica y mediática en una España que todavía es democrática y cuando aún viven muchos de los protagonistas de ambos procesos? Las 34 instauraciones/transiciones a la democracia que se producen en la segunda mitad del siglo XX, y que deberían acabar con la pretensión de que la nuestra fue única y ejemplar, han dado lugar a numerosos estudios empíricos y a un vasto corpus teórico. Sus compiladores más notorios, desde Sclimitter y O'Donnell en América a Hermet y Morlino en Europa, consideran que sus rasgos principales son: que se hacen siempre desde arriba y al hilo de la evolución social y económica de los países concernidos; que sus actores principales son las estructuras políticas formalizadas -partidos e instituciones-, teniendo las, fuerzas populares sólo una participación coyuntural y adjetiva; que su instrumento privilegiado es el pacto entre los líderes; que su condición esencial es la condonación y el olvido del pasado autocrático por obra de los partidos históricamente democráticos.

Agrego, y pienso que los autores citados lo suscribirían, que, en el bloque occidental, todas esas transformaciones ocurren con el beneplácito y bajo el control de Estados Unidos. Y, finalmente, añado que las transiciones, según que los ocupantes de la cúpula política cambien o sigan siendo los mismos, se dividen en transitivas e intransitivas. Checoslovaquia y Vaclav Havel son el paradigma de las primeras. España, con un jefe de Estado y un jefe de Gobierno que van, directa y gloriosamente, de la dictadura a la democracia, son expresiva ilustración de las segundas. Esta afirmación atenida a los hechos no apunta a descalificación personal alguna. Es más, cuando a mediados de los ochenta conocí a Adolfo Suárez me pareció un demócrata sincero, y mi colaboración actual con dos españoles eminentes que estuvieron muy próximos a él me confirma en esa opinión.

La transición española, por lo demás, ha sido también objeto de una sostenida atención bibliográfica. En su abrumadora mayoría, alineada con la tesis académica dominante a que acabo de referirme. Quienes disienten de esa lectura han sido condenados a la inexistencia. La versión canónica del PSOE sobre la transición, publicada por su casa editorial y coherente con esa condena, ignora, entre las más de ochocientas referencias recogidas, todos los textos de la izquierda revolucionaria, excluida ETA, y obviamente, a los independientes: García-Trevijano, Calvo Serer, Tristán La Rosa, etcétera. Todos tachados, inexistentes. En mi caso, ni siquiera se recoge el número monográfico de la revista francesa Pouvoirs de 1979 que coordiné conjuntamente con Caracasonne y Hermet y que, en este tema, es cita obligada en el vecino país.

En cualquier caso, lo que importa es señalar que, en esa casi unánime interpretación, la lucha popular por la democracia es, apenas, un telón de fondo para la acción negociadora de los partidos, que dicen ser los únicos capaces de conferir viabilidad al proceso y legitimidad a sus resultados. La movilización ciudadana en la España de los años 1972-1977, tan notable si la comparamos con la apatía política que regía en ese tiempo en las democracias occidentales, y tan patente para quienes la vivimos de cerca, ha sido y sigue siendo, obstinadamente, negada por casi todo el mundo.

Un analista tan brillante y poco sospechoso de conformismo partidista como Ignacio Sotelo, que ya me reprochó la supervaloración de ese fenómeno cuando se presentó en 1981 mi Diario de una ocasión perdida, ha reiterado el argumento, en un reciente artículo en este periódico, al atribuir la supuestamente escasa presión popular durante la transición a falta de responsabilidad social cuando, al contrario, el fin de la vigorosa acción ciudadana fue de la exclusiva responsabilidad de los líderes políticos. Porque fueron ellos quienes, en el acto de creación de Coordinación Democrática, decretaron la desmovilización de las bases al exigir que para cualquier acción de masas, fuese necesario el acuerdo previo de todos sus componentes. Lo que era impracticable y dio la calle a Manuel Fraga, que la quería para él solo. Movilización proteica y múltiple de numerosos ámbitos sociales y profesionales, movilización que no era comunista, sino antifranquista, que no seguía al PCE, sino sobre la que el PCE cabalgaba y que por ello -y ése fue el error de Santiago Carrillo- no podía traducirse automáticamente en votos.

Quedaron, pues, con ello los partidos como legitimadores únicos de la transición española. Pero los liberales y democristianos murieron enseguida a manos de UCD; el capital democrático del PCE lo utilizaron sus dirigentes para enterrar la memoria de la resistencia y para pagar su cuota de entrada en el consenso heredofranquista; la corrupción y el GAL han convertido al PSOE en un referente democrático inutilizable.

Además, en nuestra sociedad desmemoriada, sometida al imperio de lo efímero, el presente lo invade todo y, así, la pérdida de legitimidad de las fuerzas democráticas en la España de hoy tiene, retroactivamente efectos compensatorios para la España de entonces. La ignominia de estos 23 muertos del GAL neutraliza la infamia de aquellos miles de fusilados de Franco. El fervor denunciante de los crímenes antidemocráticos a que estamos asistiendo por parte de los herederos de la victoria tiene en su reverso el propósito implícito de igualarnos a todos en la abyección. Todos igualmente deslegitimados, todos igualmente indignos.

Desaparecida la legitimación, queda como criterio exclusivo la legalidad. Con lo que la transición se convierte en una operación institucional, es decir, en un manejo técnico legal capaz de autotransformar la dictadura en democracia. Operación que comienza a principios de los setenta, en el seno del Movimiento, con el intento de pluriformizar el partido único franquista, en expresión de Fernández-Miranda, su secretario general, mediante la creación de unas asociaciones políticas dúctilés y fiables. Intento que se prolonga al hilo del llamado desarrollo político y cuyo eje central es considerar que las leyes fundamentales de la dictadura -la legalidad autocrática- son la única vía practicable, el único instrumento eficaz para la democratización.

Opción en la que coinciden gentes de dentro, situadas en la constelación aperturista del régimen como Iglesias Selgas, Orti Bordás, Martín Villa, Gabriel Cisneros, etcétera, y de su periferia como Herrero de Miñón y Jorge de Esteban. Opción de continuismo reformista que acaba prevaleciendo y encuentra en la Ley de Reforma Política su expresión más acabada. La perspectiva de autosuficiencia de lo legal en que esa opción se sitúa ha acabado constituyéndose en el principio, últimamente determinante, de la democracia española. Reforzado por la juridización general de los países desarrollados en los años ochenta -cuando voy al baño, le oí decir al presidente de una multinacional, me llevo a mi abogado por si acaso- lo legal será, en la España democrática, el referente, por excelencia de todos los comportamientos. Ni ética ni legitimidad, basta con la legalidad. Puede hacerse todo lo que no puedan condenar los tribunales. ¿Hace falta poner ejemplos?

Los franquistas democratizadores/democratizados en 1977 reivindican la legitimidad de su proceso con el mismo argumento que los hitlerianos en 1933: la victoria en las urnas. Pero con menos razón. Porque nuestros victoriosos conversos dispusieron, casi en solitario, de los medios de comunicación, sobre todo de la televisión pública, así como de la organización territorial y logística que les dejó el general Franco, lo que les confirió una inalcanzable ventaja frente a sus oponentes demócratas. El estudio de la desigualdad preelectoral entre unos y otros está todavía por hacer. Por otra parte, el libro del profesor Braud El sufragio universal contra la democracia, con independencia de la provocación del título, es un convincente análisis histórico-político sobre las relaciones entre legitimidad electoral y legitimidad democrática que completa las reflexiones teóricas de Habermas sobre el mismo tema y prueba la imposible equiparación entre ambas.

El otro gran argumento en favor de la modalidad autotransformadora es el del riesgo de desbordamiento por la izquierda, con la reacción militar e involucionista que hubiera provocado. Argumento inverificable en nuestro caso, como en todas las reconstrucciones ex post, pero que no resiste la menor consideración analógica. El rápido e implacable degüello de la revolución de los claveles muestra que Estados Unidos no estaba para ensayos revolucionarios y que, por tanto, la deriva izquierdista no tenía posibilidad alguna de prosperar. Sobre todo, dada la extrema moderación del mundo del trabajo y del ciudadano de a pie, en la que todos los estudios y sondeos de aquellos años coinciden de forma unánime. Concluyo con un ruego a los historiadores del presente y a los periodistas de investigación para que aprovechen la moda transicionista de estos meses con el fin de esclarecer algunos puntos importantes de ese proceso. ¿Qué papel efectivo tuvieron la CIA, el servicio de información del Departamento de Estado de EE UU, la Embajada norteamericana en Madrid, Giscard d'Estaing, y las Internacionales liberal, democristiana y, en especial, socialista en la transición española? ¿Estaba el PSOE dispuesto a entrar en la autotransición sin la legalización del PCE? ¿Qué complicaciones hubo y quién fue su valedor en los asesinatos de Montejurra? La desmovilización popular a que me he referido antes ¿fue resultado de una convergencia implícita o de un pacto explícito? Y si pacto hubo, ¿quién pactó con quién y cuál fue el precio? ¿Qué presiones hubo y quién las administró para que no se legalizase al partido carlista ni a la izquierda revolucionaria? ¿Qué torturadores y qué confidentes de la policía franquista han visto recompensados sus servicios en la democracia? Y tantas otras.

Ruego que es expresión de una esperanza. Que se le devuelvan a la transición sus manchas democráticas.


* Pepín Vidal-Beneyto (1927-2010) fue un filósofo, sociólogo y politólogo español, activo conspirador contra el franquismo y fundador de la Junta Democrática. Fue uno de los críticos más impenitentes de la Transición y del régimen monárquico derivado de la misma.

jueves, 1 de marzo de 2012

Hay que pagar por lo que necesitamos

Editorial


27/02/2012

Más compañeros sin trabajo, menos pluralismo en los medios de comunicación y la crónica incapacidad de la auténtica izquierda para construir la imprescindible política de comunicación que nos permita distinguir entre lo que parece y lo que puede ser.

El cierre de Público es una mala noticia pero con muchas contradicciones. No lo cuentan igual los dueños del medio que los trabajadores, los que más pierden. No es lo mismo la identificación de miles de lectores con la esperanza de un espacio para la izquierda que un proyecto empresarial sin garantías de coherencia y sinceridad.

¿Vamos a seguir sin afrontar en profundidad el debate? ¿Por qué la izquierda no ha podido y el PSOE no ha querido abrir brechas en el poderoso sistema de medios de comunicación que determina la actitud de la inmensa mayoría de los ciudadanos? ¿Por qué ni el PCE ni IU ni el resto de la izquierda ni los sindicatos mayoritarios ni ahora el 15-M son capaces de articular un proyecto unitario que combine los derechos de los ciudadanos, la libertad profesional, el bienestar laboral y el acceso de la izquierda a la democratización de los medios de comunicación?

¿Nos vamos a conformar con la denuncia del control de los medios más influyentes por los grandes poderes mientras nos refugiamos en la creciente pero limitada posibilidad de las redes sociales, en cuya utilización se reproduce la ignorancia en comunicación de la izquierda?

¡Cuánta responsabilidad tienen las organizaciones políticas y sociales que no han enseñado a los ciudadanos la importancia de la información y se han encerrado en políticas sectarias y marginales! ¡También los sindicatos que desconfían de los trabajadores de la comunicación y se conforman con negociar un minuto en los telediarios! ¡Y los que votan a la izquierda y han dejado caer sucesivamente a todas las iniciativas que, con mayor o menor acierto, se han puesto a su disposición! ¡Qué poco ha aportado el 15-M para que la información se convierta en conocimiento y mejore la participación en una auténtica democracia!

Si la izquierda quiere por lo menos un medio de comunicación con la credibilidad suficiente para alimentar la confianza de una gran audiencia, necesita un proyecto unitario que se encarne en el programa político de la resistencia y que resulte imprescindible para las direcciones de las organizaciones políticas, sindicales y sociales; un equipo de profesionales que comprenda que la mejor militancia es la información de calidad y el respaldo social que se basa en el convencimiento de que entre todos tenemos que pagar lo que necesitamos. Y si la izquierda quiere abrir una brecha mayor en la red de medios controlada por los grandes poderes, tiene que reclamar, también desde la unidad, el convencimiento y la participación, el reparto de las licencias audiovisuales de manera equitativa (como en América Latina) entre los negocios, las iniciativas sociales y el servicio público, reservando en este último sector el espacio para el derecho de acceso que la Constitución establece.

http://www.cronicapopular.es/2012/02/hay-que-pagar-por-lo-que-necesitamos/

* En estos últimos meses, varios miembros de la Junta Directiva de UCAR-Granada han suscrito participaciones de la sociedad editora del periódico Crónica Popular, convencidos de la imperiosa necesidad de contar con un referente republicano de profesionalidad y solvencia acreditadas en los medios de comunicación de masas.